El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, calificó la sentencia contra Jair Bolsonaro como una “caza de brujas” y advirtió represalias. El gobierno de Brasil defendió la independencia judicial y rechazó las presiones externas.
La condena de Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por su rol en el intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022 ha desatado un fuerte choque diplomático entre Estados Unidos y Brasil. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, declaró que el fallo del Supremo Tribunal Federal (STF) constituye una “caza de brujas” y sostuvo que Washington “responderá en consecuencia”, lo que fue interpretado en Brasilia como una amenaza directa contra la soberanía del país.
Rubio acusó al juez Alexandre de Moraes y a otros magistrados del STF de impulsar una persecución política y responsabilizó al tribunal por la prisión del exmandatario. Estas declaraciones se suman a las sanciones que Estados Unidos ya había aplicado contra figuras brasileñas vinculadas al STF, incluyendo la revocación de visas y restricciones a miembros del Poder Judicial.
La reacción del gobierno brasileño fue inmediata. El Ministerio de Relaciones Exteriores rechazó con firmeza las advertencias de Rubio, defendiendo que el proceso judicial contra Bolsonaro respetó plenamente la Constitución de 1988, las garantías de defensa y la independencia del Poder Judicial. “La democracia brasileña no se dejará intimidar”, señaló la cancillería, subrayando que ningún actor externo puede condicionar el funcionamiento de las instituciones del país.
La condena contra Bolsonaro fue adoptada por mayoría en la Primera Sala del STF, con cuatro votos a favor y uno en contra, y lo responsabiliza de conspirar para anular los resultados de las elecciones de 2022, incitar la abolición del Estado democrático y organizar una estructura criminal con fines políticos. Para el actual gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, el fallo refuerza la necesidad de proteger el Estado de Derecho y enviar un mensaje claro contra cualquier intento de ruptura institucional.
El enfrentamiento entre Washington y Brasilia abre un nuevo capítulo en la relación bilateral, marcada ahora por tensiones sobre la legitimidad del sistema judicial brasileño y la influencia de Estados Unidos en la región. Mientras Rubio insiste en que el caso Bolsonaro refleja un retroceso democrático, Brasil sostiene que la justicia actuó con independencia y que su soberanía no está en negociación.


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