Especialista advierte que el inicio del año académico es una oportunidad para fijar metas y reforzar el acompañamiento familiar, pero también un periodo sensible donde pueden aparecer señales de ansiedad y estrés.
El regreso a clases tras las vacaciones puede transformarse en un proceso complejo para muchos estudiantes, especialmente por el ajuste a la rutina: levantarse temprano, organizar tareas y adaptarse nuevamente a horarios definidos. Durante las primeras semanas es común que aparezcan cansancio, irritabilidad o ansiedad, por lo que el apoyo de las familias y los establecimientos educacionales resulta clave para una adaptación saludable.
Así lo explicó Carola Valenzuela, coordinadora académica de la red de Colegios del Arzobispado de la Santísima Concepción, quien señaló que el inicio del año escolar representa una oportunidad estratégica para establecer nuevas metas académicas y personales. A su juicio, este periodo es especialmente relevante para quienes comienzan su etapa educativa o se reincorporan a un nuevo ciclo formativo.
La especialista indicó que la adaptación depende, en gran medida, de las rutinas mantenidas durante el verano. Estudiantes que conservaron horarios de sueño y actividades estructuradas suelen enfrentar una transición más fluida, mientras que cambios drásticos pueden dificultar el proceso. También influyen el descanso adecuado, la alimentación equilibrada y la gestión del estrés.
En ese contexto, llamó a padres, madres y docentes a estar atentos a señales como cambios de comportamiento, aislamiento, dolores físicos recurrentes, apatía o irritabilidad. Detectar estas alertas a tiempo y ofrecer contención emocional —a través del diálogo y la validación de emociones— puede marcar una diferencia significativa en el bienestar escolar.
Desde los establecimientos educacionales, agregó, es fundamental generar ambientes emocionalmente seguros, con estrategias pedagógicas ajustadas al nivel de los estudiantes, diagnóstico de aprendizajes previos y promoción activa de la convivencia, el buen trato y la inclusión. Entre las recomendaciones prácticas para facilitar el retorno a clases destacan ajustar gradualmente los horarios de sueño, conversar sobre expectativas del nuevo año, fijar objetivos académicos, fomentar hábitos de autocuidado y mantener una comunicación permanente entre familia y escuela desde el inicio del año escolar.


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