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Chile entra en septiembre con casi un millón de desempleados y crecimiento cercano a cero

La desocupación alcanzó un 9,5% y llegó a 981.044 personas, mientras disminuyeron los trabajadores asalariados formales y aumentó la ocupación informal. Paralelamente, el Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 hasta un rango de apenas 0,25% a 0,75%, en medio del debilitamiento del consumo, la inversión y la actividad minera.

Chile comenzó septiembre con un mercado laboral en retroceso y una economía prácticamente estancada. Los últimos antecedentes publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Banco Central muestran un aumento del desempleo, destrucción de puestos formales, mayor informalidad y una fuerte reducción en las expectativas de crecimiento para 2026.

Las cifras laborales más recientes corresponden al trimestre mayo-julio. En ese período, la tasa de desocupación nacional llegó a 9,5%, aumentando 0,8 puntos porcentuales respecto de igual período del año anterior.

Detrás del porcentaje existen 981.044 personas desocupadas, cifra que creció 10,4% en doce meses. Al mismo tiempo, el número total de personas ocupadas disminuyó 0,2%, pese a que la fuerza de trabajo aumentó 0,7%.

El deterioro fue particularmente visible en el empleo asalariado formal, que cayó 2,4% anual. En contraste, las personas ocupadas informalmente aumentaron 1,6% y alcanzaron los 2.467.172 trabajadores. La tasa de informalidad se ubicó en 26,5%, medio punto porcentual por encima de la registrada hace un año.

El cruce de estos antecedentes muestra que el problema no se limita a la cantidad de empleos disponibles. También alcanza su calidad, debido a que disminuyen los puestos con contrato y protección social mientras aumenta el trabajo informal.

La tasa oficial tampoco refleja toda la presión existente. Al considerar a las personas desocupadas y a quienes podrían trabajar, pero no están buscando activamente un empleo, la subutilización laboral llega a 17,4%. Entre las mujeres alcanza 19,9%.

Los trabajadores más jóvenes también aparecen entre los grupos afectados. La ocupación disminuyó 4,8% entre las personas de 25 a 34 años y 4,1% en el segmento de 15 a 24 años.

Por sectores, las mayores caídas de trabajadores se observaron en información y comunicaciones (-14,6%), minería (-6,6%), enseñanza (-3,3%) e industria manufacturera (-2,7%). Los principales incrementos estuvieron en servicios administrativos y de apoyo, actividades profesionales y salud.

Salarios suben, pero el empleo retrocede

En medio de este escenario, las remuneraciones reales por hora registraron un crecimiento anual de 4,1% durante julio. A primera vista, la cifra representa una recuperación del poder adquisitivo para quienes conservan un empleo formal.

Sin embargo, el dato requiere cautela. El indicador del INE mide las remuneraciones por hora pagadas en empresas con cinco o más trabajadores, por lo que no representa el ingreso de todos los hogares ni incluye adecuadamente la realidad de los trabajadores informales.

Además, el propio organismo advierte que la reducción de la jornada legal a 42 horas semanales puede influir en el resultado. Si un sueldo mensual se mantiene mientras disminuyen las horas contratadas, la remuneración estadística por hora aumenta, aunque la persona no reciba más dinero al finalizar el mes.

Economía sin impulso

El deterioro laboral coincide con una actividad económica que perdió fuerza durante 2026. En el segundo trimestre, el Producto Interno Bruto disminuyó 0,2% respecto del mismo período del año anterior y no registró crecimiento frente al trimestre precedente.

Julio profundizó la señal. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) cayó 1,5% anual y 1,7% frente a junio, descontados los efectos estacionales. Incluso la actividad no minera disminuyó 0,3% en doce meses.

La menor producción de cobre, las mantenciones mineras y las condiciones climáticas adversas influyeron en el resultado. Sin embargo, la debilidad no se concentró exclusivamente en la minería: los servicios cayeron 0,7% anual y el comercio solamente avanzó 0,7%.

Frente a estos resultados, el Banco Central redujo considerablemente su estimación de crecimiento para 2026. En junio esperaba que el PIB aumentara entre 1% y 1,75%, pero ahora calcula una expansión de apenas 0,25% a 0,75%.

La institución también proyecta que la inversión caerá 0,3% durante el año, mientras el consumo privado crecerá solo 1,5% y las exportaciones de bienes y servicios retrocederán 2,6%.

Costo de vida continúa presionando

A la debilidad económica se suma una inflación que permanece por encima de la meta. El Índice de Precios al Consumidor aumentó 0,6% en agosto, acumuló 3,6% durante el año y llegó a 4,1% en doce meses.

Los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 1,4% durante agosto, mientras el transporte aumentó 1,6%. Ambos grupos explicaron gran parte del incremento mensual y afectan directamente los gastos habituales de los hogares.

El Banco Central mantuvo la tasa de política monetaria en 4,5% y proyectó que la inflación recién volvería a niveles cercanos al 3% durante el segundo trimestre de 2027.

Mejora fiscal con menor inversión pública

Las cuentas fiscales presentan una señal más favorable, aunque también contienen una contraparte. Hasta julio, los ingresos del Gobierno Central crecieron 7% real y el gasto acumulado aumentó solamente 0,7%. El déficit efectivo llegó a 0,7% del PIB, mejorando frente al 1,4% registrado durante igual período de 2025.

No obstante, el gasto de capital cayó 16% real anual. Esto significa que la contención presupuestaria convive con una reducción de los recursos destinados a inversión pública, precisamente cuando la economía necesita recuperar actividad y generación de empleo.

La Dirección de Presupuestos proyecta que 2026 terminará con un déficit efectivo equivalente al 2% del PIB y una deuda bruta de 42,7%, cercana al nivel prudente de 45% establecido por la autoridad fiscal.

Los antecedentes disponibles todavía no permiten declarar que Chile se encuentre formalmente en recesión. Sin embargo, tampoco respaldan un escenario de recuperación consolidada: el crecimiento está cerca de cero, el empleo formal disminuye, la informalidad aumenta y casi un millón de personas permanece buscando trabajo.