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Crisis anunciada: contaminación del lago Villarrica suma advertencias técnicas, presión humana y falta de soluciones

Estudios, diagnósticos territoriales y voces expertas coinciden en que la contaminación del lago Villarrica responde a múltiples factores acumulados en el tiempo, mientras las soluciones siguen sin concretarse.

El deterioro del lago Villarrica no es reciente. En 2017, el Ministerio del Medio Ambiente lo declaró zona saturada por fósforo y clorofila, tras constatar niveles de contaminación por sobre la norma.

Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (2018) ya advertía que el problema respondía al ingreso de nutrientes como nitrógeno y fósforo desde diversas fuentes en la cuenca, lo que genera eutrofización y deterioro del ecosistema.

Contaminación que comienza fuera del lago

Más allá de los diagnósticos técnicos, el foco se traslada a lo que ocurre río arriba.

De acuerdo con antecedentes difundidos por Sustenta Pucón, sectores como Curarrehue presentan un déficit estructural de alcantarillado y tratamiento de aguas servidas.

En estas zonas, las aguas residuales son eliminadas mediante fosas sépticas o directamente a cursos de agua, incluyendo descargas hacia el río Trancura, principal afluente del lago.

Esto implica que contaminantes orgánicos, fertilizantes y residuos de actividades productivas pueden recorrer más de 70 kilómetros antes de llegar al lago Villarrica.

Presión humana y múltiples fuentes

La ecologista de La Araucanía, Viviana Díaz, sostiene que la contaminación responde a una combinación de factores asociados a la actividad humana.

Entre ellos menciona el uso de fertilizantes en la agricultura, el impacto de pisciculturas río arriba (incluyendo el uso de antibióticos y químicos) y la expansión urbana en torno al lago.

“También hay una falta de alcantarillado en muchas localidades, lo que hace que las aguas contaminadas lleguen directa o indirectamente al lago”, señala.

A esto agrega otros elementos como el turismo intensivo, el uso de embarcaciones a motor, la presencia de microbasurales y el efecto de las altas temperaturas, que favorecen la proliferación de algas.

Un problema acumulativo y de largo plazo

Díaz advierte que la contaminación no solo afecta el agua superficial, sino también los sedimentos del lago, lo que complejiza su recuperación.

“Para llegar a las condiciones actuales han pasado muchos años, por lo tanto, no es algo que se pueda revertir de un día para otro”, afirma, señalando que los procesos de descontaminación requieren medidas sostenidas en el tiempo.

Diagnóstico claro, solución entrampada

Pese a que las causas han sido identificadas de manera reiterada, las soluciones estructurales siguen sin implementarse completamente.

En este contexto, el gobernador René Saffirio cuestionó, durante esta semana de marzo, el freno al Plan de Descontaminación tras su retiro desde la Contraloría General de la República por parte del Ministerio del Medio Ambiente bajo el gobierno de José Antonio Kast.

La autoridad advirtió que retrasar esta herramienta agrava una crisis ambiental que ya impacta el turismo, el empleo y la calidad de vida en la zona.

Una crisis que sigue avanzando

El caso del lago Villarrica evidencia una constante:
diagnósticos coincidentes, causas identificadas y medidas que no logran materializarse.

Mientras tanto, la contaminación continúa avanzando en una cuenca donde el problema es conocido, pero su solución sigue pendiente.