Múltiples factores se potencian y explican la gravedad de los incendios en Chile. En medio de la prolongada sequía y las altas temperaturas de las últimas semanas, surgen cuestionamientos a las plantaciones forestales.
Recordados son los incendios que afectaron a gran parte de la zona centrosur de Chile durante el último verano. La comuna de Purén quedó parcialmente en cenizas, lo mismo ocurrió con grandes extensiones de terreno. El balance final de las autoridades dio por resultado que lamentablemente se perdieron 24 vidas humanas, 2.911 personas con atenciones de salud, 5.997 damnificados y 1.541 fueron destruídas.
Debido a esto, tanto la Delegación Presidencial, como el Gobierno Regional de La Araucanía informaron que se están llevando a cabo trabajos y millonarias inversiones para la prevención de los incendios, sin embargo, las autoridades prevén que es imposible que no se produzcan incendios durante el verano, principalmente debido a las altas temperaturas.
Sin embargo, ¿qué es lo que realmente ocurre aquí? ¿por qué nos estamos quemando?
“Este tipo de incendios eran raros hace unas décadas”, comentó en alguna oportunidad el académico del departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, Roberto Rondanelli. El investigador del Centro de Ciencia del Clima y Resiliencia (CR)2 explicó en aquel momento que “sus causas no son únicas, sino que interactúan y hacen que estos se hagan más fuertes, frecuentes y destructivos”.
En casi la totalidad de los siniestros está la acción humana, ya sea premeditada, por negligencia o accidente. La numerosa cantidad de focos simultáneos y la cercanía con zonas pobladas hacen sospechar que podría tratarse de hechos intencionales.
Cambio climático, sequía y altas temperaturas
Uno de los primeros factores que explican la dimensión de esta catástrofe es el cambio climático. Las temperaturas máximas de la zona sur, donde se concentran bosques y plantaciones forestales, han aumentado en promedio 0,5 grados por década, por sobre el promedio del aumento global, indica Rondanelli. A esto se suma una sequía de más de diez años.
“En la zona donde ha habido más incendios tenemos clima mediterráneo, con primaveras y veranos secos. A la sequedad del suelo se sumaron altas temperaturas este año, asociadas a vientos más intensos que ayudaron a propagar el fuego”, explicó el Héctor Jorquera, profesor de ingeniería en la Universidad Católica de Chile e investigador asociado del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus).
Otro factor clave es que ha disminuido la distancia entre zonas urbanas y bosques o terrenos forestales. “Algunas ciudades del sur no tienen ningún resguardo porque están al lado de las plantaciones”, comenta Rondanelli. Esto hace que haya mayor riesgo de que se inicie el fuego y a la vez este tenga mayores impactos en la población.
Jorquera sostiene que, así como hay ordenanzas que consideran el peligro de deslizamiento o inundación para regular las zonas edificables, se debiera tener en cuenta el riesgo de incendios. “Terrenos muy disparejos, que combinan valle y colina, producen corrientes de aire que facilitan que se propague el fuego, en comparación con lugares planos, donde además es más fácil visualizar el incendio y huir”, señaló.
Prende como caja de fósforos
Una deficiente regulación, falta de fiscalización, capacidad limitada de reacción y falta de estrategias para reducir riesgos se han evidenciado en la tragedia. Asimismo, han surgido cuestionamientos al monocultivo de pino y eucalipto de la industria forestal, que se concentra en las regiones más afectadas por las llamas.
Aunque cualquier vegetación es susceptible de quemarse, Palma explica que, “en la composición y estructura de la madera de pino y eucalipto, hay muchas sustancias altamente inflamables. Como no hay otras especies asociadas en la plantación, esto prende como una caja de fósforos”. Estas plantaciones son grandes superficies muy homogéneas, como un cultivo de trigo, sostiene la ingeniera forestal chilena, doctorada en la Universidad de Friburgo, en Alemania.


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