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Trump endurece su ofensiva sobre el petróleo venezolano: exige ruptura con China y anuncia control “indefinido” de las ventas

La administración de Donald Trump busca condicionar el futuro energético de Venezuela a una alianza exclusiva con Estados Unidos, mientras anuncia que controlará la comercialización y las ganancias del crudo, sin un marco legal claro.

La administración del presidente estadounidense Donald Trump avanza en una estrategia de control directo sobre la industria petrolera de Venezuela, combinando exigencias geopolíticas con el anuncio de que Estados Unidos administrará de forma “indefinida” las ventas de crudo venezolano. Así lo revelan reportes recientes de ABC News y The New York Times, basados en declaraciones oficiales y fuentes cercanas a la Casa Blanca.

Según ABC News, funcionarios estadounidenses habrían comunicado al gobierno interino de Venezuela (encabezado por Delcy Rodríguez) que para permitir la producción y comercialización de petróleo el país debe romper relaciones económicas y de cooperación con China, Rusia, Irán y Cuba, potencias que han sido socios estratégicos de Caracas durante los últimos años.

En paralelo, Washington exigiría que Venezuela se asocie de manera preferente (y en la práctica exclusiva) con Estados Unidos para la producción de crudo, otorgando prioridad a empresas y compradores estadounidenses, especialmente en el mercado del petróleo pesado.

“Nosotros venderemos la producción”

La presión política se vio reforzada este miércoles por declaraciones del secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, quien confirmó que Washington pretende controlar directamente la venta del petróleo venezolano en los mercados internacionales.

“De ahora en adelante, nosotros venderemos la producción que salga de Venezuela en el mercado”, afirmó Wright durante una conferencia energética organizada por Goldman Sachs, según consignó The New York Times.

Las palabras del funcionario se produjeron luego de que el propio Donald Trump señalara que Venezuela entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, volumen equivalente a hasta dos meses de producción diaria. A través de su red social Truth Social, el mandatario aseguró además que EE.UU. controlaría las ganancias derivadas de esas ventas.

Vacíos legales y silencio oficial

Pese a la magnitud del anuncio, no está claro bajo qué marco legal operaría este control estadounidense sobre el petróleo venezolano, una duda que el propio The New York Times subraya. Hasta ahora, no se han presentado acuerdos públicos ni documentos oficiales que respalden la transferencia del crudo o de los ingresos obtenidos por su comercialización.

Por su parte, el gobierno venezolano no ha emitido declaraciones públicas confirmando o rechazando las afirmaciones de Washington, manteniendo silencio frente a un anuncio que afecta directamente la principal fuente de ingresos del país.

Wright sostuvo que la Casa Blanca mantiene un “diálogo activo” tanto con las autoridades venezolanas como con grandes compañías petroleras estadounidenses que han operado históricamente en el país. En ese contexto, ejecutivos de importantes productores occidentales esperan reunirse con Trump en la Casa Blanca este viernes, según fuentes citadas por el medio estadounidense.

Producción, inversión y control

En cuanto al futuro productivo, el secretario de Energía coincidió con estimaciones que indican que Venezuela podría aumentar su extracción en miles de barriles diarios en el corto plazo. Sin embargo, advirtió que recuperar los niveles históricos de producción (actualmente cercanos a 1 millón de barriles diarios) requeriría miles de millones de dólares y un largo período de inversión.

“Para volver a los niveles históricos de producción se necesita mucho tiempo y enormes recursos”, afirmó Wright. “Pero, ¿por qué no hacerlo?”, concluyó.

El escenario abre un debate profundo sobre la soberanía energética de Venezuela, el alcance real del control estadounidense y el impacto geopolítico de una eventual reconfiguración forzada de sus alianzas internacionales, en un contexto marcado por tensiones globales y disputas por recursos estratégicos.