Un día como hoy, 5 de diciembre, pero de 1791, a los 35 años, falleció Wolfgang Amadeus Mozart, dejando tras de sí una obra inmortal y un misterio que aún despierta fascinación. Aunque la causa oficial de su muerte fue fiebre severa, los detalles y testimonios han dado pie a innumerables teorías.
Entre las enfermedades propuestas por médicos y estudiosos figuran la bronconeumonía, insuficiencia renal, fiebre reumática y triquinosis. Sin embargo, la hipótesis del envenenamiento cobró fuerza a través de relatos como los de Franz Niemetschek, quien afirmó que Mozart sospechaba que había sido envenenado mientras componía su célebre Réquiem.
El compositor Antonio Salieri, compañero y rival de Mozart, fue señalado como responsable en obras de ficción como el filme Amadeus, aunque historiadores modernos descartan esta teoría. Más plausible parece la explicación ofrecida en 2009 por investigadores de la Universidad de Ámsterdam, quienes concluyeron que una infección estreptocócica habría desencadenado un síndrome nefrítico agudo, compatible con los síntomas descritos.
A pesar de los avances en la investigación, las circunstancias de su entierro sencillo y la desaparición de sus restos han alimentado el mito. Su legado, no obstante, permanece intacto: un talento prodigioso que desafió el tiempo y la comprensión.


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