Proyecto financiado por Fondecyt busca transformar residuos del trigo en materiales sostenibles, abriendo camino hacia una industria de envases más limpia y basada en biomasa.
La paja de trigo, uno de los principales subproductos agrícolas de La Araucanía —región que concentra el 44% de la producción nacional—, podría convertirse en la base de una nueva generación de plásticos sostenibles. Así lo plantea el Dr. Sebastián Rocha, académico de la Universidad Mayor sede Temuco, quien lidera un proyecto que busca valorizar estos residuos mediante procesos químicos avanzados.
La iniciativa, financiada por un Fondecyt de Iniciación, se centra en la producción de 5-hydroxymethylfurfural (HMF), una molécula clave para la fabricación de biocombustibles, bioplásticos y otros compuestos de alto valor. Para lograrlo, el equipo utilizará tecnologías innovadoras como solventes verdes tipo Deep Eutectic Solvents, calentamiento por microondas para acelerar reacciones, y un reactor continuo bifásico que permita avanzar hacia procesos escalables a nivel industrial.
El objetivo de fondo es sentar las bases para transitar desde el PET —plástico tradicional derivado del petróleo— hacia el PEF, un poliéster renovable obtenido a partir de biomasa vegetal, con potencial aplicación en envases de alimentos y bebidas. Este material, si bien no es biodegradable, sí es reciclable y pertenece a la categoría de los termoplásticos, lo que permite su reutilización sin pérdida de propiedades.
Actualmente, gran parte de los residuos del trigo se eliminan mediante quema, práctica que aumenta el riesgo de incendios forestales y la emisión de contaminantes como dióxido de carbono. Frente a esto, la propuesta del Dr. Rocha plantea una alternativa más eficiente: el uso de microondas para acelerar las reacciones químicas, reduciendo tiempos y mejorando la selectividad de los procesos.
El proyecto contempla etapas que van desde la caracterización de la biomasa hasta la evaluación integral del proceso, incluyendo simulaciones, análisis tecnoeconómico y estudios de ciclo de vida. Esto permitirá no solo validar su funcionamiento en laboratorio, sino también medir su viabilidad a escala industrial.
La investigación se desarrolla en colaboración con especialistas de la Universidad de La Frontera, la Universidad Complutense de Madrid y busca vinculación con la Universidad de Groningen, fortaleciendo así su proyección internacional.
Con este avance, se abre una oportunidad concreta para impulsar biorrefinerías en Chile y avanzar hacia una economía circular que permita reducir la dependencia de plásticos fósiles, aprovechando residuos agrícolas disponibles en el territorio.


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