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Fernanda Olea Burgos: desde Temuco, una distopía para mirar el mundo que estamos construyendo

La profesora de Lenguaje y Comunicación presenta “Alienación”, su tercera novela, una historia distópica nacida a partir de un sueño reiterativo y que aborda los riesgos de una sociedad cada vez más dependiente de la tecnología, la inteligencia artificial y sus propias contradicciones.

Hay historias que comienzan con una idea. Otras, con una experiencia. En el caso de Fernanda Olea Burgos, Alienación comenzó mientras dormía.

La escritora y profesora de Lenguaje y Comunicación, radicada laboralmente en Temuco, cuenta que durante varias noches tuvo un sueño que se repetía. Las imágenes eran tan vívidas que parecían una película y, después de ignorarlas inicialmente, decidió escribir lo que recordaba.

Aquello que comenzó como un relato breve terminó creciendo hasta convertirse en un mundo propio.

“Fue un sueño reiterativo. Fueron más o menos dos o tres noches que soñé lo mismo. Yo lo dejaba pasar y a la otra noche soñaba lo mismo otra vez”, recuerda.

Así comenzó a tomar forma Alienación, su tercera novela, un trabajo que desarrolló durante cerca de dos años y que propone una mirada inquietante sobre fenómenos que ya forman parte de nuestra cotidianeidad.

Una distopía que nace del presente

La novela presenta un mundo distópico habitado no por criaturas extraordinarias, sino por personas comunes enfrentadas a situaciones que resultan inquietantemente familiares.

Inteligencia artificial, desarrollo tecnológico, pandemia y cambio climático forman parte del escenario sobre el cual Fernanda construye una historia que busca llevar al lector hacia una pregunta inevitable: cuánto de ese futuro que parece lejano ya está comenzando a ocurrir.

“Son situaciones que, si bien son cotidianas para nosotros, rayan un poco en los peligros a los que nos estamos exponiendo como sociedad”, explica la autora.

El libro está dividido en dos grandes momentos. El primero transcurre en una realidad reconocible para el lector, mientras que el segundo profundiza definitivamente en la distopía.

La autora asegura que una de las características que han destacado quienes ya lo han leído es precisamente su imprevisibilidad: personajes que parecen destinados a ocupar el centro de la historia dejan de hacerlo y acontecimientos que parecen evidentes terminan tomando otro rumbo.

Dentro de ese universo aparece Mía, una joven por quien Fernanda reconoce tener un cariño especial.

Es también un personaje estrechamente relacionado con un proceso creativo familiar: buena parte de la segunda mitad de Alienación fue construida junto a su hija.

Las ideas eran discutidas, redactadas y posteriormente revisadas por ambas. De ese ejercicio nació una protagonista marcada por características que la escritora quisiera encontrar con mayor frecuencia entre las nuevas generaciones: inconformismo, perseverancia y curiosidad por ir más allá.

Escribir lo que incomoda

Fernanda Olea reconoce que su vínculo con la escritura nace, en buena medida, de su manera de observar el entorno.

Dice haber sido siempre una persona crítica y atenta a situaciones que muchas veces son difíciles de expresar directamente.

“Hay cosas que simplemente no las podía decir porque son verdades un poco incómodas”, relata.

La escritura se convirtió entonces en otro lenguaje. Una manera de plantear aquello que probablemente resulte incómodo escuchar, pero que encuentra espacio entre las páginas de una novela.

Formalmente lleva alrededor de seis años dedicada a escribir, aunque el camino hacia su primera publicación comenzó mucho antes.

Del duelo a las aulas

Antes de Alienación llegaron otras dos obras que también surgieron desde experiencias humanas cercanas.

La primera fue Ojos de Padre, una novela inspirada en la experiencia de una persona cercana que enfrentó la muerte de su hijo.

Fernanda decidió abordar el duelo desde la perspectiva masculina y desde una pregunta que pocas veces ocupa el centro del relato: cómo enfrenta un padre la muerte de un hijo en una sociedad donde, especialmente durante generaciones anteriores, los hombres encontraron numerosas barreras para expresar tristeza, depresión o simplemente llorar.

Inicialmente el libro fue concebido como un regalo personal. Una vez terminado, Fernanda entregó el manuscrito a la persona que había inspirado la historia. Fue precisamente él quien la impulsó a publicarlo.

La obra terminó encontrando una editorial en Perú durante la pandemia.

Después apareció Intraula, una colección de relatos vinculados al mundo escolar y narrados desde la perspectiva de los estudiantes.

Allí aparecen problemáticas como depresión, embarazo adolescente, consumo de drogas, abandono y soledad.

Fernanda explica que todas las historias poseen una base real. Algunas provienen de experiencias conocidas directamente durante sus años como profesora y otras de situaciones que se repiten dentro de las comunidades educativas.

Muchos de esos estudiantes, además, son de Temuco.

Para la autora, Intraula fue también una forma de saldar una deuda con jóvenes que durante años encontró dentro de las aulas y cuyas historias muchas veces quedan atrapadas entre la burocracia, las instituciones y las limitaciones que incluso los propios profesores enfrentan para ayudarlos.

Cuando los sueños decidan

Por ahora, Fernanda Olea no sabe cuál será su próxima novela.

Tampoco parece preocuparle demasiado.

Después de terminar sus libros anteriores pensó que quizás dejaría de escribir por un tiempo. Después llegó otro sueño, una idea y finalmente Alienación.

La historia incluso podría continuar en una segunda parte, aunque aquello dependerá de cómo sea recibida por los lectores.

Si eso no ocurre, dice, el próximo proyecto probablemente aparecerá de la misma manera que llegaron varias de sus historias anteriores.

“Será donde los sueños me lleven”.

Alienación se encuentra disponible en Miralibros, Librería Antártica y Buscalibre, además de la librería de su editorial en el sector de Metro Los Leones, en Santiago.