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Calabazas y disfraces cada octubre, ¿Por qué adoptamos esta festividad extranjera con tanta pasión?

Las largas horas, falta de alimentación y una jornada que se extendió hasta la madrugada han generado malestar entre los vocales de mesa en la reciente elección. El Servel reconoce las dificultades, mientras surgen propuestas para mejorar las condiciones en futuras elecciones.

Cada año, al llegar el mes de octubre, las calles de Chile se tiñen de calabazas, disfraces y decoraciones temáticas que, por unos días, transforman barrios completos en escenarios tenebrosos. La llegada de Halloween, una celebración eminentemente estadounidense, ha sido abrazada con entusiasmo en el país. Pero ¿por qué los chilenos, con una rica herencia cultural y festividades propias, se entregan con tanta pasión a una tradición extranjera?

La respuesta no es simple, aunque el comercio y el consumismo juegan un papel crucial. Las tiendas comienzan a vender decoraciones, disfraces y dulces para Halloween semanas antes del 31 de octubre, invitando a las familias a sumarse al ambiente de terror. Para muchos, Halloween es una oportunidad de ocio, una excusa para compartir en familia y con amigos, especialmente en los barrios urbanos donde el «dulce o travesura» se ha vuelto una tradición adoptada.

No obstante, esta celebración también ha generado críticas, no solo desde un punto de vista cultural sino también ambiental y espiritual. La apropiación de costumbres extranjeras despierta reflexiones sobre la facilidad con que los chilenos adoptan, y hasta se “americanizan”, al punto de dejar de lado celebraciones propias o tradicionales. En el caso de Halloween, una fiesta cargada de simbología pagana, contrasta de manera particular con el Día de Todos los Santos, festividad cristiana que conmemora a los seres queridos fallecidos y que se celebra el 1 de noviembre, un día después de Halloween.

Además, Halloween implica un consumo excesivo de plástico y otros materiales desechables, debido a la alta demanda de decoraciones, disfraces y dulces, muchos de ellos empaquetados en plástico de un solo uso. Los especialistas en medio ambiente advierten que esta moda puede llevar a la acumulación de residuos plásticos que tardan siglos en degradarse, dejando una huella ecológica significativa.

En un contexto donde se promueve la protección del medio ambiente y se alienta a reducir el consumo de plásticos, Halloween plantea un dilema sobre si el entusiasmo por esta festividad justifica su impacto ambiental. Para algunos, esta contradicción es evidencia de que los chilenos nos sumamos sin mayor reflexión a cualquier tendencia de consumo que proponen las grandes marcas y el comercio.

Por otro lado, algunos sectores conservadores critican la celebración de Halloween por su connotación «satánica» o su supuesto alejamiento de los valores cristianos, considerando que se celebra justo antes del Día de Todos los Santos. Argumentan que, en lugar de promover una fecha dedicada a honrar a los seres queridos que ya no están, se ha puesto en el centro una celebración que glorifica el terror, lo macabro y lo comercial.

Mientras tanto, la sociedad chilena sigue dividida entre quienes ven en Halloween una celebración inofensiva, divertida y adaptada a nuestra cultura, y quienes temen que, al adoptarla, estamos perdiendo cada vez más la esencia de nuestras tradiciones. Sin duda, la popularidad de Halloween en Chile invita a reflexionar sobre nuestras propias costumbres, el impacto del consumo en el planeta y las influencias externas que, sin darnos cuenta, van moldeando nuestra identidad.