Con el inicio anticipado de la Campaña de Vacunación e Inmunización 2026, especialistas advierten que la desinformación sigue siendo uno de los principales obstáculos para alcanzar una cobertura efectiva. Desde la Sociedad Chilena de Medicina Familiar llaman a aclarar dudas frecuentes y a vacunarse a tiempo, especialmente antes del aumento de virus respiratorios como influenza, COVID-19 y virus respiratorio sincicial.
La campaña impulsada por el Ministerio de Salud se adelantó nuevamente a comienzos de marzo con el objetivo de que los grupos de mayor riesgo lleguen protegidos al período de mayor circulación viral. Cada invierno aumentan las consultas médicas, hospitalizaciones y complicaciones asociadas a enfermedades respiratorias, por lo que los expertos insisten en la importancia de inmunizarse con anticipación.
Desde la Sociedad Chilena de Medicina Familiar (Sochimef) señalan que, pese a los avances en cobertura, aún persisten creencias erróneas que pueden retrasar o desincentivar la vacunación. La doctora Javiera Corbalán explica que uno de los principales desafíos de las campañas sanitarias no solo es garantizar el acceso a las dosis, sino también entregar información clara que permita tomar decisiones informadas.
1. “Si estoy sano, no necesito vacunarme”
Muchas personas creen que las vacunas solo son necesarias para quienes tienen enfermedades previas. Sin embargo, incluso personas sanas pueden contagiarse, enfermar gravemente o transmitir virus respiratorios a personas más vulnerables.
“La vacuna está pensada, sobre todo, para evitar hospitalizaciones y muertes debido a una infección severa por influenza, especialmente en enfermos crónicos, embarazadas, mayores de 65 años y niños menores de 5. Esto no significa que a las personas sanas no les pueda pasar algo grave, solo tienen menor riesgo. Mientras más personas se vacunen, menos virus circulan y protegemos a los más frágiles de la comunidad”, detalla Corbalán.
2. “Da lo mismo vacunarse en cualquier momento”
Uno de los errores más frecuentes es postergar la vacunación. La respuesta inmunológica necesita tiempo para desarrollarse, por lo que vacunarse con anticipación permite llegar protegido al período de mayor riesgo.
En este sentido, la especialista de Sochimef agrega que: “Con la influenza, el ‘después lo veo’ suele llegar tarde. El cuerpo demora alrededor de dos semanas en desarrollar la respuesta inmune, y esa protección se mantiene efectiva entre seis y nueve meses. Por eso insistimos en vacunarse en marzo o abril: así llegamos con las defensas en su punto máximo cuando la circulación viral empieza a aumentar, en vez de arrepentirnos de no haberlo hecho cuando ya estamos con fiebre en la urgencia”.
3. “Las vacunas pueden provocar la enfermedad que intentan prevenir”
Aunque es una preocupación frecuente, las vacunas utilizadas en las campañas de inmunización no provocan la enfermedad contra la cual protegen. Lo que sí puede ocurrir son efectos secundarios leves y transitorios, como dolor en el brazo o malestar general.
“Es frecuente que alguien diga que nunca se enfermaba hasta que se vacunó. Esto es imposible, porque lo que contiene la vacuna no es un virus capaz de infectar. Es posible que la persona se contagie en contextos de alta circulación viral, por ejemplo durante operativos de vacunación. Lo que sí se puede ver son efectos secundarios leves. Efectos secundarios severos son extremadamente infrecuentes”, detalla Corbalán.
4. “Si me vacuné el año pasado, no necesito hacerlo nuevamente”
En el caso de virus respiratorios como la influenza, la vacunación debe repetirse cada año. Esto se debe a que los virus cambian con el tiempo y las vacunas se actualizan para ofrecer protección frente a las variantes que circulan en cada temporada.
La doctora asegura que “como la vacuna va perdiendo su efecto con el tiempo, la recomendación es vacunarse todos los años. Pero la influenza va mutando. Por eso la vacuna tiene que ajustarse anualmente para combatir las variantes que la OMS y otros expertos prevén que circularán. La meta es actualizar periódicamente las defensas”.
5. “Las vacunas solo protegen a quien las recibe”
Además de la protección individual, la vacunación contribuye a disminuir la circulación de virus en la comunidad, reduciendo el riesgo de contagio para personas más vulnerables, como adultos mayores, recién nacidos o pacientes con enfermedades crónicas.
“La evidencia es contundente: cuando te vacunas, no solo te proteges tú. También ayudas a reducir circulación viral en casa, trabajo y comunidad. Eso es la protección comunitaria: mientras más gente vacunada hay, menos oportunidades tiene el virus de causar cuadros graves en quienes no pueden vacunarse o tienen defensas más bajas. Es un mensaje de solidaridad que podemos transmitir a cualquier familiar o vecino indeciso”, apunta Corbalán.
MEDIDAS COMPLEMENTARIAS
Entre las recomendaciones más importantes se encuentran:
• Mantener una adecuada ventilación de los espacios cerrados.
• Lavarse las manos de manera frecuente.
• Evitar el contacto cercano con personas que presenten síntomas respiratorios.
• Utilizar mascarilla en caso de presentar síntomas o en contextos de alto riesgo.
• Consultar oportunamente ante fiebre persistente o dificultad respiratoria.


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