Un informe internacional advirtió que la probabilidad de megaincendios en Chile se ha triplicado debido al aumento de 1,2°C en la temperatura global, apuntando al cambio climático y a la modificación del suelo por plantaciones no nativas como factores determinantes.
Los incendios que afectaron al país en enero no serían hechos aislados. De acuerdo con el análisis de la organización World Weather Attribution, el calentamiento global ha elevado significativamente las condiciones propicias para siniestros de gran magnitud. El estudio concluye que el incremento de 1,2°C en la temperatura planetaria ha triplicado la probabilidad de que ocurran estos eventos extremos.
El informe también pone el foco en el modelo forestal implementado desde la década de los 70. La introducción masiva de especies productivas como el pino radiata modificó el suelo y aumentó la carga de combustible vegetal en extensas zonas del territorio, generando condiciones más favorables para la propagación del fuego.
Las cifras de la temporada 2025-2026 confirman la magnitud del escenario. Desde septiembre a la fecha ya se han destruido más de 64.000 hectáreas, lo que representa un incremento superior al 226% en comparación con la temporada 2024-2025, cuando se quemaron 19.252 hectáreas.
Desde la Secretaría Regional Ministerial de Medio Ambiente del Biobío confirmaron que el nuevo Plan Regional de Cambio Climático prioriza la mitigación y el manejo del paisaje, con el objetivo de reducir la carga de combustible vegetal que favorece estos incendios.
Por su parte, desde la Corporación Nacional Forestal (Conaf) señalaron que el problema no se limita al tipo de vegetación, sino a la continuidad y acumulación de combustible a escala de paisaje. Además, advirtieron que las sequías prolongadas, inviernos más cálidos y precipitaciones menos frecuentes han reducido la acumulación de humedad en el suelo, adelantando el estrés hídrico de la vegetación.
El diagnóstico instala una discusión de fondo: el impacto del cambio climático combinado con decisiones productivas históricas estaría configurando un riesgo estructural creciente, con consecuencias cada vez más graves para las comunidades y el territorio.


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