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Ítalo Soto.

Columna de opinión: El peligroso negacionismo chileno

Por Ítalo Soto Villarroel, un humilde contribuyente.

En tiempos en que el acceso a la información es más amplio que nunca, es paradójico, y francamente preocupante, que persista en nuestra sociedad una corriente de pensamiento que se empeña en negar hechos históricos, científicos y sociales que han sido ampliamente comprobados. Hablo del negacionismo, esa peligrosa postura que, lejos de aportar al debate público, amenaza con distorsionar nuestra percepción de la realidad y, en consecuencia, nuestro futuro como nación.

Chile, con su rica historia y sus múltiples desafíos contemporáneos, no está exento de este fenómeno. Ya sea minimizando las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura de Pinochet, cuestionando la validez del cambio climático pese a evidencias empíricas, o desacreditando avances científicos como las vacunas, el negacionismo chileno es una muestra de cómo la ignorancia, cuando se propaga y se normaliza, puede tener consecuencias nefastas.

Sin ir mas lejos, esta semana Gonzalo De La Carrera emplazó a Carmen Hertz por utilizar una imagen de su esposo, asesinado en dictadura, siendo apoyado por Gloria Naveillán, la peor cara de la ultra derecha. Lo curioso es que más tarde, Naveillán comenta que las violaciones a mujeres en dictadura son “leyendas urbanas”.Una completa burla hacia quienes sufrieron los vejámenes de Pinochet y sus secuaces de la DINA.

La negación de la historia, en particular, es especialmente perniciosa. Olvidar o tergiversar los episodios oscuros de nuestra historia no solo es un acto de deshonra hacia las víctimas, sino que también nos impide aprender de nuestros errores. El adagio popular dice que aquel que olvida su historia está condenado a repetirla, y en nuestro caso, ignorar la represión, tortura, violaciones hacia mujeres y desaparición de miles de compatriotas es abrir la puerta a que esas atrocidades vuelvan a suceder en el futuro.

Por otro lado, el negacionismo científico puede tener consecuencias inmediatas y tangibles. En el contexto, el negacionismo del cambio climático es un fenómeno preocupante en el cual, a pesar del consenso científico abrumador que atribuye el calentamiento global a las actividades humanas, especialmente la quema de combustibles fósiles, ciertos grupos cuestionan o minimizan esta realidad. Impulsados por intereses económicos o ideológicos, estos negacionistas retrasan la acción política necesaria, confunden al público y exacerban los riesgos medioambientales, económicos y sociales asociados al cambio climático.

Esta resistencia, alimentada por teorías de conspiración y desinformación, ha puesto en riesgo no solo al ecosistema, sino también a toda la comunidad que vive en los sectores más afectados por las consecuencias.

Y es que los efectos ya los estamos viendo: sequías prolongadas, incendios más intensos y desplazamientos de comunidades. Negar la realidad de la crisis climática, o nuestra responsabilidad en ella, solo nos aleja de las soluciones necesarias para enfrentarla.

El negacionismo, en cualquiera de sus formas, es una amenaza para Chile. Me atrevo a decir, fuerte y claro: KAST Y NAVEILLÁN SON UNA AMENAZA PARA CHILE. La solución, sin embargo, no es censurar o silenciar a quienes propagan estas ideas, sino educar. Debemos invertir en educación de calidad, PROMOVER EL PENSAMIENTO CRÍTICO, promover las culturas, las artes, escuchar a nuestros pueblos originarios y fomentar el acceso a fuentes confiables de información. Apagar un poco la tele (porque es un hecho que la tele miente para vender). Solo así podremos enfrentar y superar el negacionismo, y construir un futuro basado en hechos, verdad y justicia para todos.