En medio de su distanciamiento continuo con la familia real británica, el príncipe Harry habría considerado una drástica decisión simbólica: dejar de usar el apellido Windsor y adoptar el de su madre, Spencer, como un nuevo paso hacia su independencia.
Según informó el diario Daily Mail, esta reflexión habría tenido lugar en los años posteriores a su salida oficial de la monarquía británica y su traslado a Estados Unidos junto a Meghan Markle. El príncipe incluso habría consultado la idea con su tío materno, Charles Spencer, hermano de la fallecida princesa Diana.
La propuesta tenía un fuerte componente simbólico: romper con su linaje real y reforzar su conexión con la figura de su madre, muy querida por la opinión pública. Sin embargo, su tío lo habría disuadido de seguir adelante, advirtiendo que un cambio de ese calibre podría agravar aún más las tensiones familiares.
De haberse concretado, el cambio de apellido también habría impactado en la identidad de sus hijos, especialmente de su hija menor, Lilibet Diana. El apellido Spencer habría reforzado el tributo a la princesa de Gales, algo que no pasó desapercibido en la discusión.
Finalmente, Harry decidió no realizar el cambio legal, y tanto él como sus hijos siguen llevando el apellido Mountbatten-Windsor. No obstante, su vínculo con la familia Spencer continúa vigente: en su última visita al Reino Unido, acudió a un acto oficial acompañado únicamente por parientes maternos.


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