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La jornada invisible: mujeres de La Araucanía dedican dos horas más al trabajo sin sueldo

Los resultados regionales de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo revelaron que las mujeres destinaban diariamente 4 horas y 43 minutos a labores domésticas, cuidados y otras actividades no remuneradas, frente a las 2 horas y 31 minutos de los hombres. Mientras Chile avanza en la implementación de una nueva legislación sobre cuidados, las cifras exponen el desafío de distribuir estas responsabilidades de manera más equitativa.

Preparar la comida, limpiar la vivienda, lavar ropa, acompañar a una persona mayor, cuidar a los hijos o atender a un familiar enfermo. Son actividades indispensables para el funcionamiento de miles de hogares, pero que generalmente no aparecen en una liquidación de sueldo ni reciben una compensación económica.

Detrás de estas labores existe una realidad que las estadísticas permiten dimensionar: las mujeres continúan asumiendo una proporción considerablemente mayor del trabajo doméstico y de cuidados.

En La Araucanía, esa diferencia alcanzó las 2 horas y 12 minutos diarios, según la segunda Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

El estudio, aplicado entre septiembre y diciembre de 2023 y cuyos resultados fueron publicados en enero de 2025, estableció que las mujeres de la región destinaban, en promedio, 4 horas y 43 minutos diarios al trabajo no remunerado, mientras que los hombres dedicaban 2 horas y 31 minutos.

La diferencia regional superó en siete minutos la brecha observada a escala nacional, que llegó a 2 horas y 5 minutos.

Los resultados ponen cifras a un fenómeno que trasciende las tareas domésticas: la distribución del tiempo, las responsabilidades familiares y las oportunidades que tienen las personas para desarrollar otras actividades fuera del hogar.

Una carga laboral que supera las diez horas diarias

Uno de los resultados más significativos del estudio aparece al analizar la denominada carga global de trabajo, que reúne las actividades remuneradas y no remuneradas.

Entre las personas que realizan ambas formas de trabajo, las mujeres de La Araucanía registraron una carga promedio de 10 horas y 37 minutos diarios, mientras que los hombres alcanzaron las 9 horas y 33 minutos.

Es decir, dentro de ese grupo, las mujeres asumían una hora y cuatro minutos adicionales de trabajo al día.

La situación adquiere otra dimensión al observar exclusivamente las actividades domésticas.

El INE determinó que el 97,6% de las mujeres de la región participaba en trabajos domésticos no remunerados, con una dedicación promedio de 3 horas y 20 minutos diarios.

En los hombres, la participación alcanzó el 93,3%, pero el tiempo destinado a esas mismas actividades fue considerablemente menor: una hora y 50 minutos.

Esto demuestra que, si bien una amplia proporción de hombres también participa en las labores del hogar, las diferencias se manifiestan especialmente en la cantidad de tiempo que cada grupo destina a realizarlas.

La encuesta también identificó una importante participación femenina en las labores de cuidado a integrantes del hogar, realizadas por el 43% de las mujeres consideradas en la estimación regional.

El costo de un trabajo que no recibe remuneración

Las consecuencias de esta distribución desigual del tiempo van más allá de las horas dedicadas a mantener una vivienda.

Las responsabilidades domésticas y de cuidados pueden condicionar la disponibilidad de una persona para buscar empleo, capacitarse, continuar estudios, descansar o desarrollar actividades personales.

Esto adquiere especial importancia cuando las labores de cuidado requieren atención permanente, como ocurre con personas mayores dependientes, familiares con discapacidad o integrantes del hogar que necesitan asistencia cotidiana.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo permite identificar estas diferencias, aunque sus resultados no establecen por sí solos las causas que explican la desigualdad ni permiten determinar cuánto incide en los ingresos de las familias de La Araucanía.

Sin embargo, entrega antecedentes relevantes para discutir la corresponsabilidad en el hogar y la necesidad de contar con servicios que permitan distribuir de mejor manera las tareas de cuidado.

Chile Cuida: los avances y desafíos en La Araucanía

El debate sobre el trabajo no remunerado adquirió una nueva dimensión institucional durante 2026.

El 16 de febrero entró en vigencia la Ley N.º 21.805, conocida como Ley Chile Cuida, que reconoce el derecho al cuidado y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados.

La normativa establece mecanismos para coordinar servicios y prestaciones destinadas tanto a las personas que necesitan asistencia como a quienes realizan labores de cuidado.

Posteriormente, en agosto de 2026, se publicó la Ley N.º 21.835, que introdujo modificaciones para facilitar la implementación del sistema y amplió los plazos establecidos para dictar sus reglamentos.

En La Araucanía, uno de los avances más visibles ha sido la habilitación de Centros Comunitarios de Cuidados.

Durante marzo de 2025 se inauguraron recintos en Temuco y Angol, que se sumaron a los existentes en Padre Las Casas, Saavedra y Nueva Imperial.

Según informó entonces el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, la región registraba 11.749 personas inscritas con credencial de cuidadora. Se trata de una cifra correspondiente a marzo de 2025, por lo que no representa necesariamente el total actual.

La red continuó expandiéndose durante 2026. En septiembre, la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, participó en la inauguración de un nuevo Centro Comunitario de Cuidados en Loncoche.

De acuerdo con la información oficial, el establecimiento fue proyectado para beneficiar a 120 personas cuidadoras, mediante espacios de acompañamiento, apoyo y descanso.

Estos avances reflejan la expansión territorial de la política pública, aunque todavía es necesario evaluar su cobertura efectiva y determinar en qué medida los servicios disponibles logran disminuir la sobrecarga de quienes realizan labores de cuidado.

¿Quién se hace cargo de las horas que no se pagan?

La incorporación de herramientas tecnológicas para automatizar tareas domésticas representa otra alternativa que ha comenzado a desarrollarse en el mercado.

Aspiradoras robóticas y equipos de limpieza automatizada permiten delegar determinadas actividades repetitivas. Sin embargo, su utilidad no debe confundirse con una solución integral al problema del trabajo no remunerado.

Cuidar a una persona dependiente, acompañar emocionalmente a un familiar o asumir responsabilidades cotidianas de crianza requiere apoyos que van mucho más allá de la automatización de la limpieza.

Tampoco existen antecedentes en la encuesta del INE que permitan concluir que estos dispositivos reducen efectivamente las brechas de género en la distribución del trabajo doméstico.

El desafío involucra tanto a las familias como a las instituciones públicas y privadas: mejorar la corresponsabilidad, facilitar el acceso a servicios de apoyo y generar condiciones que permitan compatibilizar el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares.

Una realidad que exige nuevas mediciones

Los resultados publicados por el INE corresponden al levantamiento estadístico realizado en 2023, por lo que no permiten establecer si durante los últimos tres años la brecha en La Araucanía ha aumentado o disminuido.

Además, la encuesta representa a las principales zonas urbanas y no caracteriza por completo la realidad de los sectores rurales, donde las condiciones de acceso a servicios y redes de apoyo pueden ser diferentes.

Mientras se implementa el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, permanece abierta una pregunta fundamental: ¿cuánto de esa sobrecarga doméstica está logrando reducirse y cuántas personas continúan asumiendo estas responsabilidades sin apoyo suficiente?

La respuesta requerirá nuevas mediciones, evaluaciones de las políticas públicas y, especialmente, conocer las experiencias de quienes diariamente sostienen el funcionamiento de sus hogares.

Porque detrás de las 2 horas y 12 minutos que separaban a mujeres y hombres en La Araucanía existe una discusión que va mucho más allá de las estadísticas: cómo se distribuye el trabajo indispensable para sostener la vida cotidiana y quién termina asumiendo su mayor costo en tiempo.