Cuando las hojas de lechuga adquieren tonos rosados o marrones, esto se debe comúnmente a la «oxidación». Según Sabatini, este cambio de color no suele afectar la seguridad de la lechuga romana o la escarola. Aunque puede ser antiestético, la experta asegura que, mientras la lechuga esté crujiente y las demás hojas se vean saludables, se puede consumir sin preocupaciones, incluso si presenta partes afectadas.
Por otro lado, Trevor Craig, experto en seguridad alimentaria, destaca la importancia de estar atentos a señales más preocupantes. Hojas viscosas, malolientes o con manchas negras indican deterioro que crea un entorno propicio para bacterias dañinas. Sabatini aconseja descartar verduras en estas condiciones como medida de precaución.
Además, se resalta la importancia del almacenamiento adecuado en el refrigerador, manteniendo la lechuga a temperaturas entre 1 y 4°C y separándola de otras frutas y verduras para minimizar la oxidación y la exposición al gas etileno.
En resumen, aunque algunos cambios de color no comprometen la seguridad de la lechuga, es esencial desechar verduras con signos de deterioro más serio. Estas recomendaciones buscan fomentar la higiene alimentaria y promover prácticas seguras en la manipulación de alimentos.


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