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La tumba del Papa Francisco descansa en Santa María la Mayor, uno de los templos más emblemáticos de Roma

El Papa Francisco, fallecido recientemente, fue sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, cumpliendo así su deseo de descansar en un lugar profundamente vinculado a su vida espiritual.
Su tumba se encuentra en un sencillo nicho de mármol blanco de Liguria, ubicado entre la Capilla Paulina —donde se resguarda el venerado icono de la “Salus Populi Romani”— y la Capilla Sforza, dos de los espacios más emblemáticos de este templo.
Sobre su lápida, grabada únicamente con la inscripción “Franciscus”, reposa una reproducción de su cruz pectoral, en un ambiente de recogimiento iluminado tenuemente.

La elección de Santa María la Mayor, donde tantas veces rezó antes y después de sus viajes apostólicos, refleja la profunda devoción mariana que caracterizó su pontificado. Desde la apertura de la tumba al público, miles de fieles han acudido a rendirle homenaje, consolidando este lugar como un nuevo sitio de peregrinación en Roma.

El rito de clausura del féretro: un acto cargado de simbolismo

La ceremonia de clausura del féretro del Papa Francisco, realizada el pasado 25 de abril en el Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro, estuvo marcada por antiguos rituales llenos de significado.
En primer lugar, se introdujo en el ataúd el «rogito», un pergamino que narra de manera solemne los hitos más importantes de su pontificado, tales como su impulso a la renovación de la Iglesia, su enfoque en los pobres y marginados, y su apuesta decidida por el diálogo interreligioso.

Como parte de la tradición, también fueron depositadas 21 monedas conmemorativas: 12 de oro representando cada año de su pontificado, una de plata correspondiente al mes adicional, y ocho de cobre por cada día extra que sirvió como Pastor de la Iglesia Universal.

Otro gesto cargado de emotividad fue el cubrimiento de su rostro con un velo de seda blanca, símbolo de su descanso en Dios y de la esperanza en la resurrección. Posteriormente, el cuerpo fue rociado con agua bendita, en memoria de su bautismo.

El féretro de zinc que contenía sus restos fue finalmente sellado, adornado con los escudos del Vaticano, una cruz, su escudo papal y una placa con su nombre y fechas de pontificado. Tras la clausura, los asistentes entonaron himnos como el Regina Coeli, el gran canto mariano que invoca la alegría pascual.

Un funeral marcado por la sencillez

Fiel a su estilo humilde, el Papa Francisco pidió que se omitieran varias tradiciones funerarias habituales, como el uso del catafalco, el báculo papal y los tres ataúdes encajados.
Esta simplicidad finalizó con su traslado a Santa María la Mayor, donde su sepultura sobria y serena será recordada como reflejo de su espíritu de servicio y de amor profundo a la Virgen María.