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Bolivia entra en máxima tensión tras toma de aeropuerto por seguidores de Evo Morales

La ocupación del terminal aéreo de Chimoré, los bloqueos de rutas y el despliegue militar aumentaron la crisis política y social que afecta al país vecino.

Bolivia atraviesa uno de los momentos más complejos desde la crisis política de 2019. Seguidores del ex presidente Evo Morales ocuparon este sábado el aeropuerto de Chimoré, en el Trópico de Cochabamba, para impedir una eventual detención del líder del Movimiento al Socialismo (Mas), quien enfrenta órdenes de aprehensión vinculadas a investigaciones por estupro y trata de personas.

La ocupación de la terminal aérea fue encabezada por organizaciones cocaleras afines al ex mandatario, quienes instalaron piedras, ramas y otros elementos sobre la pista para impedir operaciones aéreas. Desde el sector evista afirmaron que las movilizaciones continuarán mientras exista riesgo de captura contra Morales.

El conflicto ocurre en medio de una creciente crisis política, económica y social que mantiene varias rutas bloqueadas desde hace más de dos semanas. Los cortes de caminos ya provocan problemas de abastecimiento de combustibles, alimentos y medicamentos en distintas regiones del país.

Las ciudades de La Paz, Cochabamba, Oruro y Santa Cruz comenzaron a resentir las consecuencias de los bloqueos, mientras distintos sectores sociales mantienen protestas contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz y contra la situación económica que atraviesa Bolivia.

Ante la escalada del conflicto, el Ejecutivo boliviano desplegó más de 3.500 efectivos policiales y militares para desbloquear carreteras y recuperar el control de zonas consideradas críticas. Durante los operativos se registraron enfrentamientos, lanzamiento de gases lacrimógenos y reportes de explosiones atribuidas al uso de dinamita por parte de grupos movilizados.

De acuerdo con organismos bolivianos, decenas de personas fueron detenidas durante las últimas jornadas y al menos tres mujeres habrían fallecido producto de la imposibilidad de acceder oportunamente a atención médica debido a los cortes de rutas.

En paralelo, Evo Morales denunció públicamente una supuesta operación internacional para detenerlo, acusando incluso participación de la DEA y apoyo extranjero. Desde el gobierno boliviano rechazaron esas declaraciones y acusaron a sectores cercanos al ex mandatario de intentar desestabilizar el país.

Aunque hasta ahora no existe confirmación de un golpe militar o ruptura institucional formal, el escenario mantiene en alerta a Bolivia debido al aumento de la violencia, la militarización del conflicto y la profundización de la fractura política entre el oficialismo y el sector evista.