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Las víctimas invisibles del acoso laboral: Los hijos también pagan el precio del abuso

Durante años, el acoso laboral fue minimizado como un conflicto interpersonal o una diferencia de estilos de liderazgo. Sin embargo, quienes lo hemos vivido sabemos que se trata de una forma de violencia sistemática que vulnera derechos fundamentales: la integridad psíquica, la honra, la igualdad ante la ley y el derecho a desempeñarse en un ambiente laboral libre de hostigamiento.

Sus efectos son devastadores. Estrés crónico, depresión, deterioro de la salud física, aislamiento profesional y, en los casos más graves, ideación suicida. Pero existe una dimensión aún más invisibilizada: el impacto en la salud mental de nuestros hijos e hijas a causa del acoso laboral.

Desde un enfoque de derechos, la niñez tiene protección reforzada. El principio del interés superior del niño exige que todas las decisiones y actuaciones del Estado consideren prioritariamente su bienestar. Sin embargo, cuando una institución tolera o gestiona deficientemente situaciones de acoso laboral, vulneraciones de derechos fundamentales como discriminar, no solo afecta al trabajador o trabajadora; también impacta indirectamente a sus hijos/as.

La violencia laboral no queda en el espacio de trabajo, se traslada al hogar en forma de angustia, insomnio, irritabilidad, temor constante y precariedad económica. Los niños perciben el sufrimiento emocional de sus padres, aunque no comprendan los detalles administrativos o jurídicos. Pueden experimentar ansiedad, inseguridad, dificultades escolares y miedo al futuro. El estrés sostenido en el entorno familiar altera el clima emocional en el que se desarrollan.

Si además existe exposición pública, rumores o estigmatización, el daño puede extenderse al entorno escolar. Hijos e hijas pueden enfrentar comentarios, burlas o cuestionamientos que no les corresponden. Así, una práctica abusiva en el ámbito laboral termina afectando el desarrollo integral de personas que jamás participaron en ese conflicto.

Desde esta perspectiva, el acoso laboral no es solo un problema organizacional: es un problema de derechos humanos y de responsabilidad institucional. Cuando el empleador es el Estado, la exigencia es aún mayor, no basta con protocolos formales si estos no garantizan investigaciones imparciales, protección efectiva de la víctima y sanciones proporcionales. La omisión también genera daño.

El surgimiento de movimientos y redes de sobrevivientes de acoso laboral responde precisamente a esta falta de respuesta estructural. Son espacios de apoyo, contención y articulación colectiva, transforman el aislamiento en comunidad y el miedo en acción. Exigen coherencia entre el discurso de tolerancia cero y la práctica concreta.

Buscan que denunciar no implique represalias encubiertas ni destrucción profesional. Y buscan, sobre todo, que ninguna familia tenga que pagar el costo emocional de la violencia institucional.

Proteger la dignidad en el trabajo también es proteger la estabilidad emocional de niños/as, es comprender que cada sumario mal gestionado, cada denuncia minimizada y cada acto de hostigamiento tolerado puede tener consecuencias que afectan a toda una familia, el silencio no es neutral: perpetúa el daño. La indiferencia institucional tampoco lo es: lo profundiza.

Cuando una persona es acosada, no sufre sola, y cuando las víctimas se organizan, no solo se defienden a sí mismas: están defendiendo el derecho de sus hijos a crecer en entornos seguros, estables y libres de violencia.

Como Fundación sobrevivientes de acoso integrada por Gina Sennas, Marck Quiroz, Patricia Catalán, Jorge Lobos y María José Zúñiga, hemos conformado la Red Nacional contra el acoso laboral junto al Movimiento Mujeres de la Araucanía liderado por Denisse Baéz y Abogada no más acoso por María Graciela Carrillo y Fenpruss Base Maipú por María José Reyes. El acoso laboral deja huellas profundas, pero también puede dar origen a redes de apoyo, resistencia y transformación social.

Juntos seguiremos alzando la voz y exigiendo justicia, reparación integral y garantías de no repetición para las víctimas de acoso laboral, y continuaremos promoviendo espacios laborales dignos, libres de violencia y con verdadero acceso a protección y reparación.
Porque ninguna persona debería perder su salud, su dignidad ni la vida, a causa de la violencia en el trabajo.