La Universidad de La Frontera ha definido entre sus objetivos estratégicos contribuir activamente al desarrollo de las artes, las culturas y los patrimonios de la Región de La Araucanía. Este propósito no se limita a una declaración programática: implica asumir, desde nuestra condición de universidad pública y estatal, un compromiso permanente con el fortalecimiento del tejido cultural que sostiene la vida de nuestros territorios.
Para que este compromiso sea efectivo, la UFRO ha orientado sus esfuerzos a profundizar las acciones de vinculación con quienes, día a día, resguardan y proyectan las expresiones culturales de la región. Se trata de reconocer y fortalecer las capacidades de artistas, cultores, creadoras y portadores de saberes tradicionales que, desde sus comunidades, mantienen vivas prácticas, memorias y conocimientos que forman parte esencial de nuestra identidad colectiva. La cultura, en efecto, no florece encerrada en la academia; se expande y se renueva cuando dialoga con la vida cotidiana de las personas y con los territorios donde estas prácticas adquieren sentido.
Hablar de cultura en La Araucanía implica, además, reconocer su carácter profundamente pluricultural. En este contexto, el pueblo mapuche no constituye un elemento periférico ni un telón de fondo folclórico, sino una civilización viva, portadora de lengua, cosmovisión, conocimientos y expresiones artísticas que enriquecen y desafían el quehacer universitario. Avanzar hacia una verdadera interculturalidad supone, por tanto, promover procesos de colaboración y coproducción de conocimiento junto a las comunidades, evitando reducir los saberes ancestrales a meros objetos de estudio o a contenidos incorporados sin voz ni participación de quienes los sostienen.
A su vez, la equidad de género emerge como una dimensión indispensable en este camino. Las mujeres artistas, las maestras artesanas, las tejedoras y las portadoras de memoria oral han desempeñado históricamente un papel fundamental en la transmisión cultural, aun cuando muchas veces sus trayectorias han permanecido invisibilizadas en los registros patrimoniales. En este ámbito, la universidad tiene la hermosa responsabilidad ética y académica de investigar, archivar, difundir y celebrar esas trayectorias con la legitimidad que siempre merecieron.
El acceso a la cultura, al patrimonio y a las expresiones identitarias no solo fortalece el sentido de pertenencia de las comunidades, sino que incide también en su bienestar y en su salud mental, particularmente en territorios que han enfrentado desigualdades históricas profundas. La cultura, entendida como espacio de encuentro y creación colectiva, abre caminos para el reconocimiento mutuo y la construcción de futuros compartidos.
En este horizonte, la Universidad de La Frontera puede —y debe— consolidarse como un nodo vivo de articulación cultural en la región. No solo como una institución que estudia y analiza las manifestaciones culturales, sino como una comunidad universitaria que las practica, las comparte y las proyecta junto a su territorio. Porque el patrimonio no se preserva aislándolo ni encerrándolo en vitrinas: se mantiene vigente cuando es vivido, transmitido y recreado colectivamente.
Dra. Paula Astudillo Díaz
Directora de Vinculación con el Medio
Universidad de La Frontera


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