La captura de la ciudad de El Fasher, en el estado de Darfur del Norte, por parte del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) ha desencadenado una brutal ofensiva contra la población civil, con miles de desplazados, posible limpieza étnica y un colapso humanitario de dimensiones crecientes.
La ciudad de El Fasher, último bastión del ejército sudanés en Darfur, cayó recientemente en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápido tras más de un año de asedio. Desde entonces, se reportan ejecuciones sumarias de civiles, campañas de intimidación, uso de drones y artillería sobre zonas residenciales, así como un bloqueo sistemático de la ayuda humanitaria.
Miles de personas han huido aterrorizadas, mientras cientos de miles permanecen atrapadas sin acceso adecuado a agua, alimentación ni atención médica. Los campos de desplazados y hospitales improvisados se encuentran al límite.
La operación también tiene una dimensión claramente étnica: comunidades como los Fur, Zaghawa y Masalit, tradicionalmente vulnerables en Darfur, figuran entre las más afectadas por los ataques directos.
La toma de El Fasher no solo consolida el control territorial del RSF en Darfur —todas las capitales estatales de la región están ahora bajo su dominio—, sino que abre la puerta a una posible fragmentación del país y a un deterioro aún mayor de la crisis humanitaria.
En el centro de la tragedia está la población civil: hombres, mujeres, niños y ancianos calculados ya como víctimas de masacres, hambruna y desplazamiento forzado. Esta dramática escalada exige una respuesta internacional urgente para evitar que la catástrofe se vuelva irreversible.


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