Trump ordena el despliegue de tropas federales en Portland bajo el argumento de amenazas de grupos Antifa, a pesar de que autoridades locales aseguran que la ciudad funciona con normalidad y la violencia ha disminuido. La medida ha generado críticas por su carácter excesivo y por politizar la seguridad pública.
El presidente Donald Trump ha autorizado el despliegue de tropas federales en Portland, Oregón, calificando a la ciudad como «devastada por la guerra» y afirmando que sus instalaciones de inmigración están bajo asedio por parte de «terroristas domésticos», incluyendo a grupos como Antifa. Esta decisión ha generado una fuerte oposición por parte de líderes locales y estatales, quienes rechazan la caracterización de la situación y cuestionan la necesidad de intervención militar.
La gobernadora de Oregón, Tina Kotek, y el alcalde de Portland, Keith Wilson, han expresado su desacuerdo con la medida, señalando que la ciudad está funcionando con normalidad y que no hay justificación para el despliegue de tropas federales. Además, han enfatizado que la violencia ha disminuido significativamente, con una reducción del 51% en los homicidios en la primera mitad de 2025. El senador Ron Wyden también ha criticado la acción, acusando a Trump de intentar provocar conflictos similares a los ocurridos durante las protestas de 2020.
En cuanto a las actividades de Antifa en Portland, el grupo Rose City Antifa, fundado en 2007, es reconocido como uno de los más antiguos y activos en Estados Unidos. Aunque se presenta como una organización antifascista, sus métodos han sido objeto de controversia. En ocasiones, han recurrido a tácticas como el doxxing, publicando información personal de oficiales de ICE, y han estado involucrados en enfrentamientos con grupos de extrema derecha y fuerzas del orden. Sin embargo, muchos de los incidentes reportados carecen de evidencia clara de actividades terroristas, lo que pone en duda la justificación del gobierno para el despliegue militar.
La decisión de Trump de utilizar «toda la fuerza, si es necesario» ha sido vista por algunos como una medida excesiva que podría escalar la tensión en lugar de resolverla. Mientras tanto, en Portland, la vida continúa con su programación habitual, incluyendo eventos culturales y protestas pacíficas, sin indicios de una crisis que amerite una intervención militar.
Esta situación plantea interrogantes sobre el uso del poder federal y la percepción de amenazas internas, y si se está priorizando la seguridad pública o la consolidación de una narrativa política.


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