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Cathy Barriga, a juicio del autor de la columna, con su cara burlona, riéndose de la gente.

¡Está mal pelado el chancho! y… Pastelero, ¡a tus pasteles!

Por: Italo Soto Villarroel - Profesor de música, comunicador y productor general de Novena Digital.

En el escenario político de nuestro país, nos encontramos una vez más frente a una situación que pone en tela de juicio la equidad y justicia en el sistema judicial. El arresto domiciliario de Cathy Barriga, exalcaldesa de Maipú e imputada por un déficit de más de 38 mil millones de pesos en la Municipalidad, ha despertado la indignación de muchos ciudadanos que claman por un trato justo y equitativo ante la ley. Sin ir mas lejos, despertó mi indignación y profundo odio hacia la decisión del juez.

Comparar este caso con episodios pasados, como el famoso «Pacogate», donde se sustrajeron más de 47 mil millones de pesos, o los casos Penta y Pinochet, con sumas astronómicas involucradas, nos lleva a cuestionar la disparidad en las consecuencias judiciales. Ninguno de estos personajes recibió una condena con prisión efectiva, lo que contrasta fuertemente con la historia de un vendedor de CD piratas condenado a 10 años de prisión y víctima de un trágico incendio carcelario en San Miguel.

Recordemos también el caso del profesor que pateó un torniquete del Metro de Santiago, condenado a 5 años de prisión. Esta disparidad en las sentencias nos hace reflexionar sobre la justicia en nuestro país y la urgente necesidad de replantear la equidad en el sistema.

En tanto la señora Barriga, desde su casa, al costado de la piscina, vistiendo ropa cara de tonos pasteles, feliz de la vida, con su sonrisita burlesca, efectivamente, burlándose de todos los chilenos. Disfrutando todo lo robado en la comodidad de su domicilio, con la patudéz y descaro de solicitar cambio de domicilio, para estar más cómoda, o quizás para alejar las «malas energías», motivo por el que gastó 1.5 millones en pintar el vehículo municipal que la trasladaba de color dorado, ¿lo recuerdan?

No se trata solo de señalar con el dedo a los políticos de barrio alto, sino de reconocer que la impunidad no debe tener cabida en ninguna esfera social. La corrupción no distingue clases sociales, y los jueces, llamados a ser guardianes de la justicia, deben actuar con imparcialidad y transparencia. En este punto no me arrugo en apuntar y decirles en sus caras, a los jueces, que son la corrupción misma.

Es crucial señalar que la confianza en las instituciones se ve minada cuando observamos que las consecuencias judiciales no reflejan la gravedad de los delitos cometidos. ¿Cómo es posible que casos de corrupción a gran escala queden impunes, mientras delitos menores reciben condenas más severas? ¿o quizás sea el color del pelo y la piel el que dictamine la severidad de la condena?

La necesidad de erradicar la impunidad y promover un sistema judicial transparente es apremiante. La sociedad demanda respuestas coherentes y castigos proporcionales a la magnitud de los delitos. Exigir responsabilidad no es un acto de venganza, sino un llamado a la rendición de cuentas y a la construcción de una sociedad justa.

Los jueces deben ser guardianes de la equidad, no cómplices de la impunidad. La justicia debe prevalecer sin importar el estatus social de los involucrados. Está mal pelado el chancho cuando la balanza judicial se inclina desproporcionadamente, y es nuestro deber como sociedad exigir un cambio.

Pareciera que resulta más fácil hacerse político para robar y evitar altas condenas, para luego seguir con la carrera política, seguir robando y burlándose de la gente.

Y por último, a modo de reflexión final, el caso de Cathy Barriga es la ejemplificación misma de la coloquial frase «la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer», ¿a qué me refiero con esto? a que la ciudadanía tiene, en gran parte, culpabilidad en este hecho, principalmente por votar a una persona no calificada para el puesto, por elegir a una persona que aún en televisión se mostraba poco apta para un cargo administrativo comunal, como dijera otra frase coloquial: PASTELERO A TUS PASTELES, Cathy Barriga, a la cárcel.

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