Un reciente estudio publicado en Journal of Imaging muestra que la estimulación visual intermitente con pulsos de luz puede modular la actividad cerebral, abriendo la puerta a terapias no invasivas basadas en la neuroplasticidad. Esta capacidad del cerebro permite reorganizar sus conexiones, fortalecer las ya existentes y eliminar las que no usamos, contribuyendo al aprendizaje, la memoria y la recuperación tras lesiones neurológicas.
El método:
Los investigadores expusieron a los participantes a luces parpadeantes a frecuencias específicas mientras medían su actividad cerebral mediante electroencefalografía (EEG). Se comprobó que la luz verde, aplicada a la frecuencia crítica de fusión del sistema visual, podía reducir las ondas beta y gamma de alta frecuencia. Estas ondas están asociadas con la función cognitiva, percepción y trastornos como Alzheimer, autismo o esquizofrenia.
El estudio también reveló que la manipulación de la intensidad de la luz afecta la activación de las vías visuales parvo y magnocelulares, generando respuestas antagonistas que podrían ser aprovechadas para ajustar la actividad neuronal.
Implicaciones:
Este enfoque abre la posibilidad de reactivar redes neuronales dormidas y restaurar la plasticidad cerebral sin intervenciones invasivas, ofreciendo un futuro prometedor para terapias dirigidas a trastornos mentales y neurológicos.


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