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Fin del subsidio eléctrico en plena alza de tarifas: Gobierno retira apoyo clave y tensiona el bolsillo de 2 millones de hogares

Fin del subsidio eléctrico en plena alza de tarifas: Gobierno retira apoyo clave y tensiona el bolsillo de 2 millones de hogares

El Ejecutivo confirmó que no extenderá el subsidio eléctrico para familias vulnerables, una medida que hoy beneficia a más de 2 millones de hogares y que permitía amortiguar el costo de las cuentas de luz. La decisión se da en un contexto de inminentes ajustes tarifarios, lo que abre un nuevo frente de preocupación por el impacto directo en el bolsillo de la población.

La definición fue planteada por la ministra de Energía, Ximena Rincón, quien aseguró que el beneficio “se termina ahora” y que no existen recursos para prolongarlo. Aunque el Gobierno analiza alternativas para enfrentar la deuda del sistema eléctrico, particularmente la asociada a las distribuidoras, descartó de plano utilizar el subsidio como herramienta de contención frente a futuras alzas.

El efecto no es menor. Sin este apoyo, las cuentas podrían subir entre un 20% y 30%, según estimaciones del sector. En términos concretos, familias que hoy pagan cerca de $17 mil podrían ver incrementos significativos en sus boletas, en medio de un escenario económico ya presionado por el costo de la vida.

A esto se suma otro factor clave: el ajuste pendiente del Valor Agregado de Distribución (VAD), componente de la tarifa que estuvo congelado durante años y que ahora comenzará a regularizarse. Aunque no hay una fecha clara para su aplicación, el impacto apunta en la misma dirección: alzas sostenidas en el corto y mediano plazo.

Desde el Congreso, las críticas no se han hecho esperar. La senadora Yasna Provoste advirtió que persisten múltiples riesgos de nuevas alzas y llamó al Gobierno a mantener mecanismos de protección. “Se requiere voluntad política”, señaló, insistiendo en que existen alternativas técnicas para evitar un golpe mayor a los hogares más vulnerables.

El trasfondo revela una tensión evidente: mientras el Gobierno apuesta por soluciones estructurales para sanear el sistema eléctrico, opta por retirar un apoyo directo justo cuando las tarifas enfrentan una presión creciente. La pregunta que queda abierta no es solo cómo se resolverá la deuda del sistema, sino quién terminará absorbiendo el costo de esa decisión.