Novena Digital

Medio de comunicación oficial de La Araucanía

Hay plata en Chile, pero está en muy pocas manos

La sorpresa: casi todos estamos del mismo lado, desde el dueño del fundo grande hasta el papá que maneja taxi.

Por América Antilao, dirigente.

Cuando subió el petróleo por la guerra en Irán, en Chile la bencina, el diésel y la parafina subieron casi al mismo tiempo en las tres distribuidoras que controlan el 95% del mercado. Alza histórica: la bencina subió cerca de $400 el litro de un día para otro, el diésel casi $600, la parafina llegó a $1.350. Y en cada almacén, en cada feria, salió la misma frase: “no me alcanza”. Ahí algo quedó al descubierto: los que no nos alcanza somos muchísimos más de los que se dice. El dueño del fundo de 1.000 hectáreas, el productor mediano, el agricultor familiar, el camionero, el dueño del taller, el almacenero, el profesor, el papá que maneja taxi, el joven recién recibido que arrienda, el matrimonio con dos hijos. Todos. Desde el campo grande hasta el sueldo mínimo. El shock del petróleo no creó el problema. Lo destapó.

El dinero invisible

Me llegó hace pocos días un documento técnico con datos del Banco Central, la CMF, el INE, la Cámara Chilena de la Construcción y la Fiscalía Nacional Económica. Todo verificable. Confirma lo que la calle ya sabía: si uno suma todo el dinero que circula en Chile —billetes, cuentas corrientes, tarjetas de débito, transferencias— hoy hay más plata moviéndose que nunca. Pero la parte que llega a los hogares comunes cayó del 39% al 23% entre 2000 y 2024. Casi a la mitad. La torta creció, pero el pedazo del chileno común se hizo cada vez más chico.

Dos grupos, direcciones contrarias

Está el grupo de a pie: el que trabaja, produce, emprende, vende lo que cosecha, atiende su negocio. Y está el otro grupo, mucho más chico, que no produce: cobra renta. Intereses, comisiones, arriendos. Cobra por estar en una posición de privilegio en alguna cadena que la mayoría tiene que cruzar para vivir.

El grupo de a pie crece y crece. El otro se achica, pero captura cada vez más plata. Cada vez son menos, pero cada vez tienen más.

Si usted tiene una panadería, una pyme, un campo de 50 hectáreas o uno de 1.000, un sueldo, una jubilación — usted está en el grupo de a pie. No importa el tamaño del patrimonio. Importa de dónde viene la plata: si viene de trabajar, está en el grupo de a pie. Si viene de cobrar renta sin producir, está en el otro grupo. Así de simple.

Los que creen estar arriba

Hay que ser franco con muchos que creen estar arriba y ya no lo están. El productor de 1.000 hectáreas, con dos camionetas, casa grande, hijos en colegio particular — ese productor lo estuvo hace 30 años. Hoy está exactamente en el mismo grupo que el feriante de Temuco y el camionero de Victoria.

Está apretado, vendiendo activos en silencio, mientras la deuda crece. Sus hijos lo saben pero no lo dicen. Y los nietos ya no van a entrar al grupo de arriba ni por casualidad, aunque hereden la tierra. La aspiradora no respeta apellidos ni superficies. Producir trigo, leche, papas o carne no es cobrar renta: es trabajar. Y el que trabaja, por más hectáreas que tenga, está siendo succionado igual.

Estudiar y la casa

Para los hijos que se vayan a estudiar, los datos son duros. La Fiscalía Nacional Económica publicó que el 35% de las carreras chilenas tiene retorno económico negativo: el que se titula en esas carreras ganará en su vida laboral menos plata de la que invirtió estudiando. Hoy hay 227.000 profesionales titulados sin trabajo en Chile — récord histórico. Uno de cada cuatro desocupados tiene título universitario. Pasan 9 meses y medio buscando empleo. Lo dijo el propio subsecretario de Educación Superior: “tener un título universitario no significa lo que significaba hace 30 años”.

Y comprar una casa: según la Cámara Chilena de la Construcción —gremio empresarial, no opositor—, una familia chilena necesita hoy 11,4 años de sueldo íntegro para comprar una vivienda promedio. En 2003 eran 3,2 años. Chile es el segundo país más caro del mundo, solo superado por Nueva Zelanda.

Reparto, no mercado

Yo creo en el libre mercado. Por eso digo lo que sigue: lo que tenemos hoy en Chile no es libre mercado.

En combustibles, tres distribuidoras concentran el 95%. En lácteos hay tres compradores. En farmacias, tres cadenas. En supermercados, tres también. Cuando un sector tiene tres actores, no hay competencia: hay reparto. Y eso no es ganancia legítima del esfuerzo: es renta, captura, lo opuesto al mercado.

Por eso al productor le pagan lo mismo por su trigo que hace 15 años, da igual si tiene 50 hectáreas o 1.000. Por eso cierra el almacén del pueblo. No por ineficientes, sino porque no tienen poder para negociar.

Amarrados los unos a los otros

Es triste verlo en el territorio. Los que alguna vez nos dieron trabajo en sus fundos, los patrones que conocimos toda la vida — hoy están muy complicados. Si ellos no están bien, los que trabajábamos para ellos tampoco vamos a estar bien.

Cuando cae el productor mediano del pueblo, cae todo el ecosistema: el almacén que le vendía, el taller que arreglaba sus máquinas, el contratista de las faenas. Estamos amarrados los unos a los otros, lo veamos o no.

El sueño original

Era que con trabajo y esfuerzo todos íbamos a poder subir. Que como país nos íbamos a juntar en un lugar mejor.

Lo que está pasando es lo contrario: nos están dejando acorralados en la parte de abajo de la pirámide, mientras una punta muy pequeña arriba captura todo lo que la mayoría produce.

Hasta hace poco creía que el problema era izquierda contra derecha, o capital contra regiones. Leyendo el documento, y recordando lo que pasó con la bencina, me di cuenta de que el problema verdadero es otro. Son las distorsiones.

La palabra que nació en una protesta

Esta palabra me llamó la atención. La leí en el documento, la escuché en la radio, la vi en un tuit, y dije: “¿de dónde salió?”. Soy de pueblo, no soy economista. Así que hice lo que cualquiera hace hoy: me metí a Google y la busqué entre comillas, “distorsión del mercado del trigo”.

Y descubrí algo. La palabra existía, sí, pero estaba enterrada en lugares donde nadie miraba: una denuncia que la Asociación de Agricultores de Ñuble había hecho ante la Fiscalía Nacional Económica en 2012, archivada. Documentos técnicos viejos de ODEPA. Eso era todo. Doce años en cajones.

El primer resultado público importante con esa frase exacta es del 5 de marzo de 2024. Una declaración del delegado presidencial de La Araucanía, José Montalva, respondiendo a los agricultores que se habían tomado la Ruta 5 Sur con sus tractores.

Más de 400 tractores, productores grandes y chicos, tractores nuevos y viejos, trigueros, lecheros, hortaliceros, familias enteras. “De aquí no nos movemos”, decían. Y ahí el delegado, presionado por la magnitud, dijo en voz alta lo que esos productores venían pensando: “si habría alguna distorsión del mercado del trigo, sobre todo, respecto a las molineras”.

La sacó la presión de los productores, no la generosidad de los economistas.

Hoy la usa hasta el Fiscal Nacional Económico, las universidades, los economistas de televisión. Algunos hablan como si la hubieran descubierto recién. Pero la verdad es simple: estaba muerta en el debate público hasta que la levantaron los productores chilenos del sur, arriba de sus tractores, en una protesta que nadie convocó.

Y de esa misma autoconvocatoria nació Agricultores Unidos, una asociación gremial nueva, hecha por productores cansados de no ser escuchados.

Adoptemos la palabra

¿Qué es una distorsión? Es algo simple: es cuando un mercado deja de funcionar como mercado y empieza a funcionar como reparto. Cuando tres compradores se ponen de acuerdo sin hablarse. Cuando comprar la casa cuesta tres veces más años de sueldo que hace 20. Cuando le pagan al agricultor menos por su trigo que el costo de producirlo.

Son cosas concretas, no teoría. Y se pueden corregir, una por una.

No hay que cambiar todo. Donde tres actores se reparten el mercado, abrir la competencia. Donde el crédito ahoga, poner topes. Donde la concentración mata al productor mediano, generar herramientas para que no muera.

Por eso le propongo a quien lea esto: adoptemos la palabra. Cuando alguien diga “así funciona el mercado”, responder: “no, eso no es el mercado, eso es una distorsión”.

Mientras hablemos en abstracto, no pasa nada. Cuando empezamos a nombrar lo concreto, las cosas se mueven.

No es palabra de izquierda ni de derecha. Es del territorio. Nació en el debate público acá, en La Araucanía, en marzo de 2024, arriba de 400 tractores. Y de acá la levantamos.

Soy de a pie. Leí un documento, contrasté los datos, y me quedé pensando. Si usted también se queda pensando, conversémoslo. Por algo se empieza.

América Antilao
Dirigente de Agricultores Unidos de Chile