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Kraftwerk: La banda que cambió el rumbo de la música popular

La utilización de la tecnología y las máquinas como elementos centrales para crear canciones memorables y bailables es un enfoque innovador en la música pop.

Los pioneros de esta práctica no fueron los nombres tradicionales en la historia de la música, como Lennon, McCartney, Brian Wilson o Velvet Underground, sino un grupo de ex hippies alemanes de Düsseldorf conocidos como Kraftwerk (“Central Eléctrica” en español).

Estos músicos, que aún tenían vínculos con la universidad, concebían su sistema musical como una máquina compuesta por diferentes componentes. En 1975, durante una entrevista con Lester Bangs, Florian Schneider explicaba cómo los miembros de la banda eran parte integral de esta maquinaria industrial. Su quinto álbum, “Radio-Aktivität” (conocido como “Radio-Activity” en el mercado anglosajón), fue el primero en prescindir de instrumentos convencionales y en su lugar utilizó sintetizadores, osciladores, cajas de ritmos y sonidos que posteriormente se convertirían en elementos comunes en documentales sobre el futuro y la informática.

Lester Bangs, acostumbrado al dramatismo de artistas como Dylan, Led Zeppelin o Bowie, criticó a Kraftwerk por su aparente falta de emociones y frialdad. Florian Schneider, miembro de la banda, respondió destacando la existencia de emociones frías y mentales, y enfatizó en su enfoque en la música pura y la concentración total en ella durante sus actuaciones, ignorando al público.

A diferencia de las bandas clásicas y reconocibles, la identificación de los integrantes de Kraftwerk no es tan sencilla debido a su funcionamiento como una máquina. A pesar de carecer de un relato emocionalmente atractivo como el de The Beatles o Queen, su influencia es posiblemente mayor.

Los miembros de Kraftwerk, aburridos de la psicodelia y las convenciones del rock y pop de los años 60, buscaban una música nueva que representara la generación alemana traumatizada por la guerra y anticipara un futuro de tensión entre la tecnología y los humanos, como describe David Stubbs en su libro “Future Days” (2014).

Kraftwerk se destacó dentro del movimiento de la música cósmica, conocido como krautrock, junto a bandas como Can, Tangerine Dream, Cluster y Neu!. A partir del álbum “Autobahn” (1974), Kraftwerk comenzó a presentarse abiertamente como robots y luego como cyborgs.

En el texto “Kraftwerk, arte político de la era atómica”, la banda explica su proyecto y su relación con el contexto histórico de la época. Destacan la falta de una tradición musical continua en el siglo XX y cómo fueron parte del movimiento del ’68, explorando nuevas posibilidades artísticas.

Fundaron su estudio Kling Klang, utilizando sonidos industriales alemanes y agregando elementos electrónicos. Inspirados por emisiones de radio, como las de Colonia y la música electrónica de Stockhausen, Kraftwerk introdujo nuevas texturas sonoras en su generación más joven.

Kraftwerk revolucionó la música pop al utilizar tecnología y experimentación para crear composiciones innovadoras en discos como “Trans Europe Express”, “The Man Machine” y “Computer World”. Su influencia se extendió a artistas como David Bowie, Brian Eno y Giorgio Moroder, sentando las bases del electro pop y el synthpop con bandas como Depeche Mode y New Order.

La muestra de su impacto se encuentra en numerosos compilados en Internet que destacan los sampleos de su música. Un momento trascendental ocurrió cuando Africa Bambaataa, inspirado tras ver a Kraftwerk en Nueva York, comenzó a jugar con sus sonidos. Uno de los integrantes de la banda relata: “Cuando visitamos Nueva York a finales de los setenta, fuimos llevados a clubs ilegales por el departamento de baile de nuestra discográfica. Allí, mientras bailábamos, el DJ, que resultó ser Afrika Bambaataa, puso ‘Trans Europe Express’ y ‘Metall Auf Metall’. ¡Pero las piezas duraban veinte minutos en lugar de diez! Nos dimos cuenta de que mezclaba dos vinilos del mismo disco. Nos pareció fantástico. Nosotros mismos hemos tocado durante horas en el estudio. La duración de las piezas en un vinilo solo estaba limitada por el tiempo de reproducción. Aprendemos del ruido, aprendemos yendo a clubs. La música nunca termina, siempre comienza de nuevo mañana”.