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La desinformación ciudadana y el desinterés en la política: ¿Estamos tomando en serio nuestro papel en la democracia?

Por: Emir Peña y Lillo Vásquez, Relacionador Público y licenciado en Comunicación Estratégica.

La reciente jornada electoral en Chile, que abarcó la elección de alcaldes, concejales, consejeros regionales y gobernadores, ha puesto en evidencia una alarmante desconexión de los ciudadanos con el proceso político y, aún más preocupante, con el panorama del país. A pesar de la importancia de estos cargos, que tienen un impacto directo en el desarrollo de cada comuna y región, el nivel de conocimiento sobre los candidatos, sus propuestas e incluso los roles que desempeñan parece ser mínimo.

En mi rol como comunicador, he venido constatando desde hace ya un tiempo que un porcentaje no menor de los ciudadanos, ya sean jóvenes o adultos, no tienen conocimiento absoluto sobre cuáles son los cargos que elegimos, sus funciones y atribuciones, ni mucho menos quienes son aquellos candidatos que eventualmente conformarán la nueva camada de funcionarios públicos para este 2025. Ahora, con una segunda vuelta programada para el 24 de noviembre de 2024, con motivo de la elección de gobernadores regionales, esta falta de información y el desinterés no han hecho más que evidenciarse.

¿Qué motiva a esta desconexión? Parte de la respuesta radica en el profundo desinterés hacia la política, un fenómeno que no solo afecta a los a las generaciones más jóvenes, sinó también a las más adultas.  En lugar de sentirse involucrados o inspirados por las decisiones que toman los representantes, muchos ciudadanos se han alejado de los debates públicos, asumiendo que sus opiniones no tendrán impacto o que todos los políticos son «más de lo mismo». La política se percibe como un círculo vicioso de promesas incumplidas y discursos vacíos, lo que desalienta a quienes quisieran involucrarse de manera significativa.

Otro factor crucial es la falta de acceso y comprensión de la información política relevante. A pesar de vivir en una era digital donde la información circula de manera rápida y aparentemente accesible, la sobreabundancia de contenidos, sumada a la falta de educación cívica, resulta en una población que se mantiene en la superficie de los temas sin profundizar en ellos.

La mayoría de las personas obtienen sus noticias a través de redes sociales, donde prevalecen titulares sensacionalistas y contenido filtrado por algoritmos, pero no dedican tiempo a entender qué implican realmente estos procesos electorales. Como resultado, se han popularizado opiniones informadas superficialmente, que son repetidas y amplificadas, sin un verdadero entendimiento de los problemas de fondo.

Este círculo de desconocimiento y desinterés produce un ambiente en el que opinar sin estar bien informado se ha vuelto casi común. No es raro ver debates o discusiones en redes sociales sobre temas de gran relevancia en los que se demuestran importantes lagunas de información y donde argumentos sin fundamentos se comparten y viralizan. Pero lo grave no es solo que la gente opine sin saber, sino que esta tendencia subraya la enorme distancia entre los ciudadanos y las decisiones que impactan su vida cotidiana.

Para revertir esta situación es indispensable fomentar una educación cívica robusta y accesible desde los niveles básicos de la educación, además de incentivar una cultura de compromiso cívico que permita que los ciudadanos no solo participen en las elecciones, sino que también comprendan a profundidad los procesos y las responsabilidades de sus representantes. Los medios de comunicación, las autoridades y, especialmente, el sistema educativo tienen el desafío urgente de transformar esta desinformación en conciencia ciudadana.

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