En Chile, desde octubre de 2019, ha surgido una nueva forma de política, la «Política-farándula de matinales», donde la racionalidad ha pasado a un segundo plano y las emociones de los conductores son lo que importa, que entre medio de publicitar marcas y llamar al consumo de uno u otro producto, se enojan, ponen caras y desarrollan todos su esmerado histrionismo para encarar al funcionario público de turno, ese año era carabineros, hoy nadie se salva.
Esto, que pareciera ha dado resultado en rating, ha llevado a una situación en la que muchos políticos se han sumado a esta forma de hacer política, enfocándose en las emociones y no en las soluciones
Es lamentable que esta forma de hacer política haya ganado terreno en Chile, y que muchos políticos hayan adoptado esta estrategia. Esto ha llevado a una situación en la que los políticos se enfocan en generar emociones (enojarse, encontrar todo insólito, apenarse, impresionarse, hablar golpeado, declarar inaceptable una y otra vez, etc.) y no en encontrar soluciones a los problemas del país.
La pregunta que surge es: ¿son estas las características de las autoridades que necesitamos para cambiar y mejorar el futuro del país? La respuesta es clara: no. Sin embargo, surge otra pregunta más interesante: ¿por qué la clase política sigue eligiendo el camino de las emociones en lugar de las soluciones?
En este sentido, es importante destacar que las redes sociales y los algoritmos han cambiado la forma en que se hace política. Los políticos pueden utilizar estas herramientas para llegar a un público más amplio y para generar emociones. Sin embargo, esto no debe llevar a descuidar la importancia de las soluciones y de la racionalidad en la toma de decisiones políticas para buscar acuerdos y soluciones concretas a problemas específicos, como la lista de espera en los hospitales, las pensiones de los adultos mayores, la seguridad, crecimiento, informalidad laboral y cesantía en regiones como la nuestra.
En conclusión, es fundamental que la clase política en Chile reflexione sobre la forma en que se está haciendo política y que busque encontrar un equilibrio entre la empatía para lograr cobertura mediática y adhesión política, pero también la ciencia y la academia, para aplicar racionalidad en el debate público en la búsqueda de soluciones a temas cotidiano de la vida de los ciudadanos. Solo así podremos construir políticas públicas que efectivamente legitimen el que hacer público, la existencia del Estado y su burocracia, que hoy, mucho más de lo que quisiéramos, está en entre dicho.
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