Novena Digital visitó la comuna de Lumaco, luego de recibir algunos avisos de manera interna sobre la situación de la escasez hídrica que afecta seriamente a la zona. El impacto del modelo forestal y la falta de inversión monetaria estructural configuran un escenario crítico en la provincia de Malleco, donde el acceso al agua se ha transformado en una limitante para la vida y la dignidad rural, según sus habitantes.
La comuna de Lumaco enfrenta una de las crisis hídricas más profundas de la Región de La Araucanía. Lo que durante años fue considerado un fenómeno de emergencia, hoy se ha consolidado como una condición estructural que afecta directamente a cientos de familias rurales. Actualmente,según cifras del municipio de esta comuna, desde el área de aseo Ornato y medioambiente, 614 familias (equivalentes a 1.746 personas) dependen del suministro de agua mediante camiones aljibe, recibiendo cerca de 350 litros semanales por persona, cifra inferior a los estándares recomendados para el consumo humano.
Al respecto, Carolina Guzmán, encargada de Aseo, Ornato y Medioambiente de la Municipalidad de Lumaco, advirtió a Novena Digital que “esto ya no es solo una emergencia, se transformó en una constante. Llevamos más de 10 años trabajando en déficit hídrico”. El abastecimiento depende de cinco camiones aljibe licitados por el Gobierno Regional, sin flota municipal propia, lo que genera inestabilidad en el sistema ante el alza de combustibles.
Vida cotidiana en escasez hídrica: El drama que acompleja a las comunidades
En las zonas rurales, la falta de agua atraviesa todos los aspectos de la vida diaria. Según, una habitante de 58 años de la comuna de Lumaco, (que no quiso dar su nombre) pero que se dedica a la venta de hortalizas, describió la situación:
“El agua no alcanza. En verano no dura ni la mitad de la semana. Todo está seco: pozos, vertientes. Uno tiene que hacer esfuerzos para mantener las verduras”.
Por su parte, Héctor Urbina Huircaleo, también habitante de Lumaco, relató con crudeza cómo ha cambiado el territorio: «Cuando éramos niños, por la comunidad pasaba un chorrillo con abundante agua en verano. Hoy, en invierno, ese chorrillo no lleva absolutamente nada».
Esta realidad obliga a las familias a tomar decisiones desgarradoras. Según Urbina, la ayuda municipal no es suficiente, lo que ha llevado a las comunidades Mapuche a una encrucijada: «Hoy día han tenido que decidir: o tienen animales, o hacen huerta, o tienen agua para tomar, porque la cantidad que entregan los camiones no alcanza».
Su testimonio refleja una realidad extendida: familias que deben priorizar entre consumo, higiene o producción. El agua disponible no solo es limitada, sino también incierta en su frecuencia de entrega.
El rol del modelo forestal: visiones que coinciden
Uno de los puntos más controversiales es la influencia de la industria. Héctor Urbina sostiene que las empresas forestales se insertaron en las comunidades con un discurso de progreso, pero que, años más tarde, «lo único que ha progresado ha sido la sequía».
Por su parte, un estudiante de 27 años (que no quiso ser identificado) dedicado a la siembra y cosecha de trigo, señaló que las especies forestales absorben excesiva agua y nutrientes, secando el suelo y afectando la agricultura cercana, por lo que hoy en día es cada vez más complejo sembrar para consumo humano.
Desde el gremio agrícola, y consultado por Novena Digital: Camilo Guzmán, presidente de la Asociación Gremial de Agricultores Unidos de Chile, afirmó que el modelo forestal ha tenido un impacto directo en la disponibilidad de agua durante casi cuatro décadas.
El dirigente enfatizó que el problema combina factores climáticos, productivos y de planificación territorial, afectando especialmente a la pequeña agricultura, al respecto señaló
“cuando no hay agua, no solo se pierde una temporada. Se pierde capacidad productiva, se pierden ingresos y se debilita todo el sistema rural”.
Asimismo, advierte que las comunidades agrícolas de la zona han debido adaptarse sin apoyo suficiente:
“El mundo rural ha tenido que resistir prácticamente solo. No hay una respuesta estructural que esté a la altura de la magnitud del problema” subrayó Camilo Guzmán.
Desde esta visión Carolina Guzmán además advirtió que no han visto un aporte relevante de las forestales y que las ayudas existentes son menores frente a la magnitud del problema.
Condiciones que agravan la crisis
Desde una mirada técnica y más profesional, el ingeniero agrónomo René Montalba, vicedecano de la facultad de Ciencias Agropecuarias y Forestal de la Universidad de La Frontera, quien realizó un estudio en la zona de Malleco, explicó a Novena Digital que Lumaco se ubica en el denominado “secano interior”, una zona con menores precipitaciones dentro de la región:
“En esta área llueve menos de la mitad que en otros sectores, pasada la Cordillera de Nahuelbuta hacia el interior, hay un espacio donde está Lumaco, Traiguén, Los Sauces, Purén, parte de Ercilla… en fin, esta área que se denomina “secano interior”, en la cual las precipitaciones bajan a mucho menos de la mitad: 800 y 600 milímetros, incluso algunos años menos; lo cual hace que, por cierto, el agua y la variación de las precipitaciones o la eficiencia con la cual se usa el agua en las cuencas sea mucho más crítico que en el resto de la región, lo que hace que el déficit hídrico sea más prolongado y crítico”.
A esto se suman suelos con baja capacidad de retención de agua y una creciente demanda hídrica.
Monatalba explicó también que: “Por una serie de procesos históricos, sociales y económicos esta es un área en la cual existe una mayor proporción de las cuencas y microcuencas, las cuales están utilizadas por un uso de suelo asociado a plantaciones forestales”. En este sentido agregó “lo cual también cambia la demanda hídrica de la cuenca. Y esa mayor demanda hídrica de la cuenca y varias proyecciones permiten predecir que cuando esta plantación o uso forestal de la cuenca supera ciertos límites, hay una afectación importante de los cursos de agua».
Falta de inversión y gestión deficiente
Desde el Congreso, las miradas apuntan a la ausencia de políticas de Estado. La diputada Andrea Parra enfatizó a Novena Digital que hace más de una década no se desarrollan obras de riego de gran escala, como embalses, acusando una falta de voluntad política para retomar proyectos estancados.
Por su parte, el diputado José Montalva introduce un matiz crítico, asegurando que más que escasez, existe una deficiente administración del recurso. Montalva sostiene que la falta de infraestructura y planificación impide distribuir el agua adecuadamente, advirtiendo que en Lumaco no existe la inversión suficiente para asegurar un uso eficiente.
Un problema de dignidad
Para los habitantes de Lumaco, la crisis no es sólo técnica, es vital. Urbina Huircaleo hace un llamado a que las empresas forestales inyecten recursos a través del municipio para mitigar el daño causado. “No se puede jugar con algo tan vital como es el agua”, concluye.
Mientras tanto, cientos de familias rurales continúan invisibilizadas por el Estado, dependiendo de un camión aljibe en un escenario donde la capacidad de adaptación está llegando a su límite.


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