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[OPINIÓN] Bernardo O’Higgins: ¿Héroe o tirano?

Por: Italo Soto Villarroel, Profesor de música, comunicador, productor general de Novena Digital.

Cuando pensamos en los padres fundadores de Chile, el nombre de Bernardo O’Higgins es ineludible. Lo vemos en estatuas, plazas, calles y monedas, encarnando al héroe que liberó a Chile del dominio español y forjó los cimientos de la nación independiente. Sin embargo, a casi dos siglos de su gobierno, la figura de O’Higgins no solo es venerada, sino también debatida. La pregunta que planteo hoy —¿Bernardo O’Higgins fue un héroe o un tirano?— sigue siendo válida y compleja, con respuestas que dependen de cómo interpretemos su legado.

Para muchos, Bernardo O’Higgins es indiscutiblemente un héroe. Nacido como hijo ilegítimo del virrey Ambrosio O’Higgins, Bernardo fue un hombre marcado por su origen, pero decidido a trazar su propio destino. Su compromiso con la causa independentista lo llevó a destacarse como uno de los principales líderes militares, participando en las batallas más importantes, como la Batalla de Chacabuco y la Batalla de Maipú, que sellaron la independencia de Chile.

Como Director Supremo de Chile, O’Higgins promovió importantes reformas que buscaban modernizar el país y asegurar su soberanía. Fundó la Escuela Militar, creó la Armada de Chile y promovió la independencia económica, además de fomentar la educación pública. Para los patriotas de la época y para muchos historiadores, O’Higgins no solo fue el libertador de Chile, sino también el arquitecto de sus primeras instituciones republicanas.

Sin embargo, detrás de este título de «padre de la patria» se esconde una realidad más compleja.

Los detractores de O’Higgins no ven en él solo al héroe que comandó ejércitos y liberó una nación, sino también a un líder autocrático cuyas políticas y decisiones dictaron una era de fuerte control gubernamental y represión interna. Tras asumir el mando en 1817, O’Higgins gobernó con mano dura, concentrando el poder en sus manos como Director Supremo. Su estilo de gobierno autoritario provocó resentimientos entre varios sectores, especialmente entre los antiguos aliados de la independencia, como los hermanos Carrera y Manuel Rodríguez, quienes fueron víctimas de persecuciones y, en el caso de Rodríguez, de un asesinato bajo circunstancias sospechosas.

Para muchos contemporáneos, O’Higgins actuaba más como un tirano que como un líder democrático. Su obsesión con centralizar el poder y eliminar cualquier posible oposición lo llevó a cometer actos que, hoy en día, se considerarían abusos de poder. Además, su carácter severo, ególatra y su visión intransigente de cómo debía construirse la nueva república alienaron a muchos sectores, incluidos aquellos que inicialmente lo apoyaron.

Uno de los momentos más controversiales fue la ejecución de los hermanos Juan José y Luis Carrera, quienes, aunque también eran figuras clave del movimiento independentista, fueron arrestados y fusilados bajo su mandato. Estos hechos dejaron una mancha indeleble en su gobierno y sembraron la semilla del descontento entre los patriotas que veían en O’Higgins a un traidor de sus propios compañeros de lucha.

La creciente oposición a su gobierno se materializó en movimientos que finalmente lo obligaron a renunciar en 1823. Su salida del poder fue una muestra de cómo su liderazgo había perdido el respaldo popular y cómo sus políticas represivas le pasaron factura. Al final, O’Higgins vivió sus últimos años en exilio en Perú, un desenlace trágico para quien había soñado con liderar la construcción de una nación independiente.

Al final, la figura de Bernardo O’Higgins no es ni blanca ni negra. Es una mezcla de ambas: fue el héroe que luchó por la libertad de Chile, pero también el gobernante que optó por medidas duras y, en muchos casos, divisivas. Su legado es inseparable del proceso de independencia, pero también lo es de las tensiones y enfrentamientos que marcaron los primeros años de la República.

O’Higgins fue un líder visionario, sin duda. Su visión de un Chile independiente, soberano y fuerte lo impulsó a tomar decisiones que, en su momento, parecían necesarias para consolidar la nación. Pero también fue un gobernante autocrático, cuyas acciones dejaron heridas profundas en la sociedad chilena de la época.

La pregunta «¿Héroe o tirano?» podría no tener una respuesta definitiva. Para algunos, siempre será el libertador que nos dio patria; para otros, será el autócrata que aplastó a quienes no compartían su visión. Quizás, el verdadero desafío es aceptar ambas facetas: un líder complejo que, como tantos otros en la historia, navegó entre la grandeza y el error en su camino hacia la construcción de un país.

El legado de Bernardo O’Higgins sigue siendo tan relevante como controvertido. En su figura podemos ver los dilemas y tensiones que acompañan a los grandes personajes históricos: ¿es posible ser un héroe sin caer en el autoritarismo? ¿Se puede construir una nación en medio de divisiones sin recurrir a la fuerza? En última instancia, O’Higgins nos deja con más preguntas que respuestas, pero con la certeza de que su huella en Chile es indeleble.

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