Más de 2.300 personas participaron en un ejercicio de evacuación por fuga de gas que tensionó protocolos, organización interna y liderazgo estudiantil en uno de los establecimientos emblemáticos de Temuco.
El Liceo Pablo Neruda de Temuco activó su primer simulacro de emergencia 2026, movilizando a más de 2.300 estudiantes y funcionarios en un escenario de fuga de gas, en el marco del Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE). La actividad puso a prueba la capacidad de respuesta de toda la comunidad educativa frente a una situación de riesgo que obligó a modificar rutas de evacuación y aplicar protocolos específicos.
El ejercicio simuló una emergencia en el sector posterior de los camarines, donde se ubica una bombona de gas, lo que implicó restringir accesos habituales. Desde el momento en que sonó la alarma, cada sala activó su protocolo: ventilación de espacios, organización de filas y evacuación ordenada hacia zonas seguras previamente definidas.
¿Está realmente preparada una comunidad escolar para enfrentar una emergencia de este tipo en tiempo real? El simulacro buscó responder esa pregunta bajo condiciones controladas, pero con exigencias concretas.
Uno de los puntos críticos fue la inclusión. El protocolo contempló coordinadores de asistencia dentro de las salas, encargados de acompañar a personas embarazadas, estudiantes en situación de discapacidad o con necesidades diversas. Además, se habilitaron puntos de atención física y emocional con apoyo de personal TENS y profesionales del PIE, mientras que el ascensor fue inhabilitado como medida preventiva.
En este escenario, el protagonismo recayó en los brigadistas estudiantiles, alumnos de primero a cuarto medio capacitados para actuar en emergencias. Su rol fue clave en mantener el orden, guiar a sus compañeros y prevenir situaciones de riesgo durante la evacuación.
La prevencionista de riesgos del establecimiento, Jocelyn Burgos Rodríguez, explicó que estos estudiantes no solo cumplen una función operativa, sino que también aportan a una cultura preventiva dentro del liceo, ampliando incluso sus responsabilidades hacia tareas de acompañamiento a personas con necesidades específicas.
Desde la dirección, el mensaje apunta a una dimensión más amplia. El director Marco Correa Martínez sostuvo que la coordinación observada durante el simulacro refleja un compromiso institucional con la seguridad y el bienestar de toda la comunidad educativa, más allá de lo estrictamente logístico.
El ejercicio forma parte de una planificación anual que contempla nuevos simulacros, incluyendo escenarios como incendio y terremoto. La apuesta del establecimiento es clara: instalar una cultura de autocuidado, organización y respuesta efectiva ante emergencias.
¿Basta con los simulacros para garantizar seguridad real, o el desafío está en cómo se internalizan estos protocolos en el día a día?


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