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[Opinión] La conmemoración del 11 de septiembre en La Araucanía: Memoria, identidad y desafíos para la región

Por: Ximena Sepúlveda Varas, Ingeniero Civil Industrial y Magíster en Desarrollo Humano Local y Regional, Ex Seremi de Vivienda y Urbanismo de la Región de La Araucanía; Académica del Núcleo de Investigadores del Laboratorio Internacional en Ciencias de la Gestión Pública.
Ximena Sepúlveda Varas.

Cada año, el 11 de septiembre marca una fecha trascendental en la historia de Chile: el golpe de Estado de 1973 que puso fin al gobierno de Salvador Allende y dio inicio a la dictadura de Augusto Pinochet. Sin embargo, más allá de los eventos que sucedieron este año en la capital, Santiago, esta fecha sigue resonando profundamente en regiones como La Araucanía, donde la conmemoración del golpe se entrelaza con una historia propia de lucha, represión y reivindicaciones.

Este 2024, la ciudad de Temuco, corazón de La Araucanía, fue nuevamente escenario de actividades conmemorativas organizadas por agrupaciones de derechos humanos y comunidades mapuche, como la romería en el Cementerio General y un acto cultural bajo el lema “Memoria y Lucha”. Estos eventos no solo buscan recordar a las víctimas del golpe y la dictadura, sino que también reflejan la persistencia de una memoria viva que sigue influyendo en las dinámicas sociales y políticas de la región.

Uno de los aspectos más interesantes de estas conmemoraciones en La Araucanía es cómo se entrelazan con la identidad mapuche. La dictadura en nuestra región revirtió reformas agrarias, incluidas las del gobierno de Frei Montalva, transfiriendo tierras a consorcios forestales a precios irrisorios, lo que intensificó el conflicto territorial mapuche. La militarización histórica de la región, que se ha extendido por décadas con la presencia de intendentes y alcaldes militares o pro-militares ha perpetuado un control autoritario y fragmentado del territorio, generando hasta el día de hoy una sensación de “normal anormalidad”.

A diferencia de otras regiones del país, la conmemoración del 11 de septiembre en La Araucanía adquiere un matiz particular, donde los conceptos de memoria y justicia no solo evocan la dictadura, sino también la lucha por los derechos territoriales y la autonomía del pueblo mapuche. Los actos de este año también estuvieron acompañados por un fuerte despliegue policial, lo que refleja la tensión persistente en la región, donde el conflicto entre el Estado y comunidades mapuche sigue sin resolverse.

La Araucanía, más que cualquier otra región, enfrenta el desafío de reconciliar dos memorias históricas que a menudo parecen estar en conflicto: la de quienes lucharon por la democracia frente a la dictadura, y la de las comunidades indígenas que ven en el Estado chileno una continuidad de la opresión. Esta dualidad invita a repensar cómo se conmemoran las fechas históricas en contextos donde el pasado aún está por resolverse.

Esperemos que nuestra memoria regional esté presente en las propuestas que los distintos candidatos a cargos públicos, quienes por estos días se despliegan en nuestros territorios, planteen como parte de su plataforma política, pues es crucial que reconozcan no solo la importancia de recordar el pasado, sino que también lo asuman como una base para (re)construir una identidad que proyecte los desafíos futuros.

La Araucanía necesita que sus representantes comprendan el valor de una memoria inclusiva, capaz de impulsar un desarrollo regional que no solo respete sus particularidades históricas y culturales, sino que también las convierta en el motor de crecimiento y equidad para todos sus habitantes. Así, la memoria no será solo un acto de conmemoración, sino un pilar en la construcción de una región más justa y próspera.

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