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Tohá rompe el silencio y revela abuso sexual en su infancia en el exilio

La exministra expone por primera vez episodios reiterados ocurridos entre los 11 y 13 años, en un entorno cercano durante su estadía en México.

La exministra Carolina Tohá reveló en su libro La política se metió conmigo que fue víctima de abuso sexual reiterado en su infancia, mientras vivía en el exilio en México. Según el adelanto publicado, los hechos ocurrieron entre los 11 y 13 años, y fueron perpetrados por un adulto cercano a su entorno familiar y político.

En el capítulo titulado “México: las capas del exilio”, la exautoridad describe estos episodios como “situaciones bien graves”, que marcaron profundamente su desarrollo emocional. A pesar de la gravedad, aclara que no hubo violación, pero sí hechos reiterados que la llevaron a enfrentar una crisis personal significativa.

El testimonio expone que estos abusos ocurrieron dentro de un círculo de confianza, lo que (según sus propias palabras) los hizo “muy decepcionantes y lacerantes”. La situación se produjo en medio de la vida en el exilio, donde su familia mantenía vínculos con figuras relevantes del ámbito político y cultural.

Uno de los elementos más críticos del relato es la ausencia de herramientas para comprender lo que ocurría. Tohá señala que en esa época no existía conversación ni orientación sobre abuso sexual infantil, lo que dificultó procesar los hechos en su momento. Fue esta experiencia, y no otros episodios familiares complejos, lo que la llevó por primera vez a buscar apoyo psicológico.

En el adelanto, la exministra también explica por qué decidió no revelar la identidad del agresor ni entregar detalles más específicos. Asegura que no se trata de proteger al responsable, sino de evitar afectar a terceros que no tienen responsabilidad en los hechos, aunque no descarta hacerlo en el futuro.

El relato también aborda las consecuencias a largo plazo. Tohá afirma que esta experiencia influyó en su forma de relacionarse, marcando una desconfianza hacia las normas impuestas por adultos en materias afectivas. “Nunca más permití que ningún adulto me dijera cómo tenía que relacionarme con los hombres”, sostiene en el libro.

Más allá del testimonio personal, el caso reabre un debate persistente: el abuso sexual infantil dentro de entornos cercanos y de confianza, donde muchas veces los hechos permanecen ocultos por años. La publicación del libro instala nuevamente la pregunta sobre los mecanismos sociales, culturales y familiares que permiten que estas situaciones se mantengan en silencio.