En vísperas del Día de la Madre, es necesario reconocer el rol de las madres cuidadoras, quienes sostienen silenciosamente la vida cotidiana y enfrentan altos costos personales y profesionales. Según el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, más del 85% de las personas cuidadoras son mujeres, y cerca del 70% realiza estas labores sin remuneración, situación que muchas veces las obliga a abandonar sus empleos o enfrentar hostigamiento laboral.
La reciente Ley de Conciliación y la reforma de las 40 horas introducen mecanismos de flexibilidad que permiten a madres y padres ajustar sus horarios de ingreso y salida, conciliando de mejor manera la crianza con la jornada laboral. Sin embargo, el sector público aún está al debe, ya que gran parte de estas medidas se ha implementado principalmente en el ámbito privado, dejando a muchas funcionarias sin acceso pleno a herramientas reales de conciliación.
El cuidado no debe ser entendido como una renuncia, sino como un aporte esencial para la sociedad. Como reflexionó Aristóteles: “La justicia consiste en tratar a iguales de manera igual y a desiguales de manera desigual”. Reconocer la desigual carga del cuidado y compensarla mediante políticas efectivas es, en definitiva, un acto de justicia.
Reconocer el trabajo de cuidar implica avanzar en políticas de flexibilidad laboral, corresponsabilidad y apoyo institucional. El desafío pendiente es extender estas medidas al sector público, garantizando que todas las madres cuidadoras puedan reincorporarse plenamente al mercado laboral y que su aporte sea valorado como un pilar de justicia social y desarrollo sostenible.
También es fundamental incluir a las madres cuidadoras en el diseño de estas políticas, entregándoles herramientas reales para sostener sus proyectos de vida, evitando que continúen relegadas, invisibilizadas y sin sustento económico ni desarrollo profesional.
Equipo Fundación Fuera Acosadores


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