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Aprobación de Kast cae bajo el 30% en Pulso Ciudadano mientras crece la desconfianza en su gestión

La encuesta revela una baja sostenida en el respaldo al Mandatario y expone dudas ciudadanas frente a los recortes del gasto público, especialmente en áreas sensibles como salud y educación.

La aprobación del presidente José Antonio Kast volvió a caer según la última encuesta Pulso Ciudadano, alcanzando un 29,1%, lo que representa una baja de cuatro puntos respecto a la medición anterior del 26 de abril. A casi dos meses de haber asumido el cargo, el sondeo muestra un escenario complejo para el Ejecutivo, marcado por una creciente distancia con la ciudadanía.

En paralelo, la desaprobación del Mandatario subió a 55,6%, aumentando dos puntos porcentuales. A esto se suma un dato relevante en términos de percepción: el 53,6% de los encuestados declara tener “poca” o “nada” de confianza en la gestión presidencial, reflejando un debilitamiento en el respaldo político y ciudadano.

¿Qué está impactando la percepción del Gobierno? Uno de los factores instalados en el debate es la reducción del gasto público, medida que ha generado divisiones. Un 48,7% se muestra de acuerdo o muy de acuerdo con los recortes, mientras que un 28,6% los considera poco o nada necesarios.

Sin embargo, el foco crítico aparece al analizar la credibilidad de las autoridades frente a los efectos de estos ajustes. Pese a que desde el Ministerio de Hacienda se ha asegurado que los beneficios sociales no se verán afectados, un 48,1% declara tener poca o ninguna confianza en esa afirmación, frente a solo un 25% que sí confía.

En este contexto, la encuesta también profundiza en las prioridades ciudadanas. Un 87,7% considera que la salud pública no debería sufrir recortes, mientras que un 79,2% opina lo mismo sobre la educación. En contraste, el aparato administrativo del Estado aparece como la opción menos protegida, con apenas un 18,6% de apoyo para evitar ajustes en esa área.

¿Se trata de un problema de gestión o de credibilidad? La combinación de baja aprobación y alta desconfianza abre un flanco político relevante para el Gobierno, especialmente en un escenario donde las decisiones económicas comienzan a impactar directamente en la percepción ciudadana.

La evolución de estos indicadores en las próximas semanas podría marcar el tono del debate público y el margen de acción del Ejecutivo frente a reformas y medidas estructurales.