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Columna de opinión: La basura que inunda los ríos de Chile

Recuerdo la primera vez que viajé a Santiago, fue con mi padre y tenía 9 años. Iba en bus y cuando estábamos ingresando a la capital por la carretera, la primera visión que tuve de esta ciudad fue de unos colchones tirados y de mucha, pero mucha basura que estaba por la vía, botellas, tablas, puertas, sillones, sofás, marcos de ventanas, un sin fin de desperdicios. Y esto fue en 1997 o 1999, por ahí, pero fue un recuerdo que me quedó en la memoria, grabado a fuego.

Recuerdo haber visto mucha basura cuando pasé por el Mapocho, no podía creer la gente pudiera vivir así en Santiago, lugar donde, por aquellos años, pensaba que era todo más avanzado, en fin.

El problema de la basura no es algo nuevo, lleva años gestándose y uno no piensa en la basura hasta cuando molesta.

La crecida del nivel de agua en los ríos de nuestro país debido al frente lluvioso «reveló» la nula preocupación que existe sobre este tema y, sobre todo, da cuenta de que, a los chilenos, en general, no les interesa cuidar el lugar donde se vive.

Las imágenes que fueron publicadas este fin de semana y que revelan una gran cantidad de basura en el Mapocho, y en otros ríos de otras regiones afectadas por el temporal, es por lo menos, horripilante. Al final se informó que se retiraron más de 800 toneladas de basura y la ministra del interior, Carolina Tohá informó que se crearía una comisión especial dedicada a ver por este tema.

¿Qué hacer con todo esto?

El problema de la basura debe ser abordado seriamente, no podemos seguir viviendo así. Ese es el primer pensamiento que debemos tener. Lo segundo, es incluir una educación activa sobre las nuevas generaciones para que tomen un conocimiento profundo sobre este tema para que se pueda tratar con la seriedad que merece.

Lo tercero es concretar un plan de acción eficiente que pueda extenderse en el tiempo (y que cuente con financiamiento permanente) para tratar la basura que se encuentra en los ríos, porque de que se acabe, no creo que ello pueda ser posible en el corto y mediano plazo, deberán pasar por lo menos unos 15 años para que la gente tome conocimiento de que no hay que tirar sillones, ni puertas, ni nada que sea basura a los ríos de nuestro país. Lo mismo va para las empresas, invirtamos en reutilización, en renovación, en reciclaje, no tiremos más cosas por la borda, porque estos objetos «no desaparecen», aparecen y revelan una imagen muy sucia de la sociedad que somos actualmente.

¿Y cómo estamos por el Río Cautín?