Novena Digital

Medio de comunicación oficial de La Araucanía

El sicario que burló al Estado: quién es Alberto Carlos Mejía Hernández, el joven venezolano vinculado al Tren de Aragua que escapó de Chile tras ser liberado por error

Tenía solo 18 años, usó una identidad falsa, fue procesado por un homicidio por encargo y huyó por un paso no habilitado hacia Perú. Su fuga expuso fallas estructurales en el sistema judicial y de control fronterizo chileno.

Alberto Carlos Mejía Hernández es el nombre real del joven venezolano que protagoniza uno de los casos más graves de negligencia institucional registrados en Chile durante los últimos años. Con apenas 18 años, fue formalizado como uno de los autores materiales del asesinato de José Felipe Reyes Ossa, conocido como el “Rey del barrio Meiggs”, crimen por encargo ocurrido en pleno centro de Santiago y presuntamente vinculado a redes delictuales asociadas al Tren de Aragua.

El caso causó conmoción no solo por la brutalidad del crimen, sino también por lo que ocurrió después: Mejía Hernández fue dejado en libertad el 10 de julio de 2025 por error, tras haber sido formalizado y estando bajo una medida cautelar de prisión preventiva. La combinación de una identidad falsa —fue ingresado como “Osmar Ferrer”— y una grave descoordinación entre el tribunal, Gendarmería y el Ministerio Público permitió su salida del penal Santiago 1 sin mayores controles. Dos días más tarde, ya había huido del país.

Según las investigaciones, Mejía viajó desde Santiago a Iquique en taxi, pagando en efectivo cerca de 2.500.000 pesos. Luego tomó un bus a Arica y, desde ahí, cruzó a Perú por un paso no habilitado en el sector de Chacalluta, evadiendo los controles fronterizos. Su fuga quedó registrada en cámaras de seguridad y alojamientos del norte, pero no fue interceptado.

Al momento de su detención, el joven no contaba con antecedentes penales formales en Chile, pero sí había sido arrestado en al menos dos ocasiones previas, en 2022 y 2023, bajo distintas identidades. Su situación migratoria irregular y la falta de un sistema de identificación efectivo dificultaron su trazabilidad dentro del sistema judicial. El único rasgo físico que ayudó a su identificación posterior fue un tatuaje del rostro de Zeus en su mano derecha.

De acuerdo con la Fiscalía, Mejía actuaba como sicario vinculado al Tren de Aragua, aunque no se le atribuye pertenencia directa a la cúpula de esa organización. El asesinato del comerciante de Meiggs fue un crimen por encargo motivado por deudas y disputas comerciales, y ejecutado por tres sujetos extranjeros que hoy son buscados internacionalmente. Uno de ellos, Mejía, logró escapar.

El caso ha sido calificado como una vergüenza institucional por diversos sectores políticos y por autoridades del norte del país, quienes han señalado la fragilidad de los controles fronterizos. El gobernador de Arica y Parinacota incluso habló de un “Estado fallido” ante la facilidad con la que un imputado por homicidio pudo salir del país sin obstáculos. Mientras tanto, el Ministerio del Interior y la Fiscalía mantienen activa una orden de captura internacional mediante Interpol.

Hasta ahora, no se le han atribuido otros crímenes directos cometidos en Chile, pero su vínculo con el Tren de Aragua lo conecta con una red internacional de homicidios, extorsiones, tráfico de drogas, trata de personas y explotación sexual. Su perfil sigue siendo objeto de análisis por parte de las policías nacionales y extranjeras.

La historia de Alberto Carlos Mejía Hernández revela no solo la peligrosidad del crimen organizado transnacional, sino también las grietas de un sistema que, hasta ahora, no ha logrado enfrentarlo con eficacia.