El Ejecutivo evalúa cambios a la normativa mientras avanza su implementación gradual, abriendo dudas sobre el alcance real de la reforma.
El Gobierno abrió un nuevo frente en materia laboral al confirmar que evalúa flexibilizar la aplicación de la ley de 40 horas, una de las principales reformas impulsadas durante la administración de Gabriel Boric. La medida apunta a corregir problemas detectados en su implementación, pero instala cuestionamientos sobre el alcance real de la normativa.
En lo inmediato, el Ejecutivo reconoce dificultades en la interpretación y ejecución práctica de la ley, especialmente en la distribución de la jornada y el cálculo de las horas trabajadas. Estas diferencias han generado tensiones tanto en el sector privado como en los procesos de fiscalización.
Cambios en plena implementación
La revisión no ocurre en cualquier momento. La ley ya está en marcha y contempla una reducción progresiva de la jornada laboral: en 2024 bajó de 45 a 44 horas y en abril de 2026 se concretará un nuevo ajuste que la llevará a 42 horas, avanzando hacia el objetivo final de 40 horas semanales.
En ese contexto, el Gobierno evalúa introducir mayor flexibilidad en la distribución de la jornada, junto con ajustes en el cómputo de horas trabajadas y la revisión de normas que podrían estar afectando la contratación.
El punto crítico es que estos cambios se discuten mientras la ley sigue avanzando, lo que abre un escenario de incertidumbre sobre cómo se aplicará finalmente la reforma.
Una reforma que prometía calidad de vida
La ley de 40 horas fue presentada como un avance en la calidad de vida de los trabajadores, incorporando mecanismos de adaptabilidad como jornadas 4×3 o promedios de horas en ciclos semanales.
Sin embargo, la necesidad de ajustes revela tensiones entre el diseño original de la política y su aplicación en distintos sectores productivos, donde ya se advertían dificultades para sostener la reducción sin impactos operativos.
Pregunta en instalación
¿Se trata de perfeccionar una reforma o de corregir un diseño que no logra ajustarse a la realidad laboral?
La discusión se instala en un punto clave: mientras el Gobierno insiste en que la flexibilización busca mejorar la implementación, el debate comienza a girar hacia quién asume los costos de la reducción de jornada y cómo se resguarda el espíritu original de la ley.


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