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[Opinión] ¡Basta ya! Debemos detener la romantización y banalización de los trastornos mentales en la actualidad

Por: Melissa Riquelme Pérez, periodista de Novena Digital.

Con el tiempo, las enfermedades mentales se han vuelto más comunes y cotidianas. Cada vez hay más diagnósticos y más personas que comprenden las razones detrás de su comportamiento y personalidad, lo que ha provocado un aumento considerable en la cantidad de personas que las sufren porque han surgido más estudios e investigaciones que las respaldan. A pesar de los esfuerzos por normalizarlas, la cultura popular ha tendido a idealizarlas, construyendo una especie de fantasía en torno a ellas.

Aunque los trastornos mentales son variados y se expresan de distintas maneras, todos comparten el hecho de generar cambios en el pensamiento, la percepción, las emociones, el comportamiento y las interacciones sociales. A pesar de ser poco visibles, estos trastornos impactan profundamente la vida de muchas personas. La falta de información ha llevado a que algunos piensen que estas condiciones son solo una ilusión, como si la persona pudiera elegir estar enferma o no, o que podría mejorar su situación simplemente con fuerza de voluntad.

En los últimos años, hemos sido testigos de una preocupante tendencia: la idealización y trivialización de los trastornos mentales, especialmente en plataformas como Pinterest, TikTok, Instagram y X. En estos espacios, los problemas de salud mental se han convertido en elementos de moda, perdiendo su gravedad y complejidad. Un claro ejemplo de esto son los memes y publicaciones que romantizan temas como las relaciones tóxicas, la ansiedad y la depresión, presentándolos como algo «atractivo» o incluso deseable. A través de estas publicaciones, algunas personas no solo trivializan el sufrimiento real que conllevan estos trastornos, sino que también contribuyen a crear una narrativa distorsionada sobre lo que significa tener problemas de salud mental. En lugar de ofrecer apoyo y empatía, se fomenta la idea de que padecer estos trastornos es parte de una identidad «cool» o «profunda», cuando en realidad, son condiciones que pueden ser devastadoras y requieren comprensión y tratamiento adecuado. Esta tendencia no solo refleja una falta de conciencia sobre el impacto real de los trastornos mentales, sino que también corre el riesgo de perpetuar estigmas y malentendidos entre quienes los sufren y quienes, por desconocimiento, los romantizan.

Lo más preocupante de esta tendencia es que, especialmente entre los menores de edad, están creciendo con una mentalidad distorsionada sobre la salud mental, sin el

apoyo adecuado de sus padres o cuidadores. Muchos tienen acceso irrestricto a internet, donde se exponen constantemente a contenido que romantiza los trastornos mentales. Este tipo de material no solo banaliza el sufrimiento real de quienes padecen estas condiciones, sino que, en algunos casos, puede llevar a los jóvenes a desear experimentar un trastorno para «encajar» o para formar parte de una narrativa que se les presenta como atractiva. Esta es una situación alarmante: no podemos permitir que los jóvenes crezcan bajo la falsa creencia de que padecer un trastorno mental es algo deseable.

Es esencial que protejamos a los más vulnerables, especialmente a aquellos que están en plena etapa de desarrollo emocional y psicológico. En los últimos años, hemos visto un aumento en los diagnósticos de trastornos como el autismo, el trastorno límite de la personalidad, la depresión y la bipolaridad, lo que refleja una realidad preocupante. No podemos seguir minimizando o romantizando estos padecimientos. La salud mental debe ser tratada con seriedad, responsabilidad y un enfoque basado en la comprensión. Como sociedad, debemos hacernos responsables de educar a las nuevas generaciones para que entiendan que los trastornos mentales no son una moda, sino condiciones serias que requieren atención, tratamiento y apoyo adecuado.

Es urgente que cambiemos el enfoque. Los trastornos mentales deben ser tratados con el respeto que merecen, no como elementos de consumo o estética. En lugar de seguir alimentando esta moda superficial, deberíamos centrarnos en crear una cultura de empatía, comprensión y apoyo para quienes realmente padecen estos trastornos, evitando que el sufrimiento se convierta en una herramienta de marketing o en una simple tendencia pasajera.

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