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Polillas: ¿Realmente son un riesgo para la salud humana o solo un mito?

Si bien se ha observado un aumento en la población de polillas, el neurocientífico Dr. John Ewer asegura que no hay riesgos para la salud humana, atribuyendo este incremento a un ciclo natural propio de la primavera. | Información de Melissa Riquelme.

Las polillas, al igual que las mariposas, pertenecen al orden Lepidoptera, y aunque suelen ser menos admiradas que sus contrapartes diurnas, desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas. Su relevancia radica en su participación en la polinización y en su función como fuente de alimento para una gran variedad de animales. Mientras que las mariposas son las protagonistas de las horas de sol, las polillas se hacen notar especialmente por su actividad nocturna y, a pesar de ser vistas con frecuencia como plagas, cumplen tareas vitales en el equilibrio natural.

Aunque las polillas son conocidas por su tendencia a alimentarse de materiales como telas y fibras naturales, como la lana, muchos de estos insectos, especialmente las especies nocturnas, tienen un impacto positivo en los ecosistemas como polinizadores. Al igual que las abejas, se alimentan del néctar de las flores, transportando polen de una flor a otra, lo que facilita la reproducción de muchas especies de plantas. Esto las convierte en actores importantes en la biodiversidad, ya que contribuyen a la fertilización de plantas y la propagación de especies vegetales.

Además de su rol como polinizadoras, las polillas son también una parte integral de la cadena alimentaria. Sus etapas larvales, conocidas como cuncunas, son consumidas por una amplia variedad de animales, incluidos pájaros, murciélagos y otros insectos depredadores. Por su parte, las polillas adultas también son una fuente de alimento esencial para murciélagos y aves nocturnas. Este ciclo de vida, que conecta a las polillas con diversos organismos en el ecosistema, subraya su importancia en el mantenimiento de la cadena trófica.

Las polillas, como otros insectos, emplean diversas estrategias de defensa para evitar ser depredadas. Algunas especies han desarrollado un camuflaje efectivo que les permite pasar desapercibidas en su entorno, mientras que otras producen sustancias químicas desagradables o incluso venenosas para disuadir a sus depredadores. Además, algunas polillas tienen la capacidad de emitir sonidos o vibraciones, lo que les permite ahuyentar a los posibles atacantes antes de que se acerquen demasiado.

El ciclo de vida de las polillas abarca cuatro etapas: huevo, larva (cuncuna), pupa (crisálida) y adulto (imago). Durante la fase larval, las polillas se alimentan de una amplia gama de materiales orgánicos, que incluyen hojas, madera e incluso tejidos. Algunas especies, como la polilla de la ropa (Tineola bisselliella), son conocidas por dañar productos textiles al alimentarse de fibras naturales como la lana. A pesar de este impacto negativo en ciertos materiales, su rol como polinizadoras y parte fundamental de las cadenas alimenticias de los ecosistemas es crucial.

El Dr. John Ewer, experto en neurociencias de la Universidad de Valparaíso, explica que el aumento de la población de polillas en ciertas regiones no es un fenómeno extraño, sino que forma parte de un ciclo natural. Muchos insectos, incluidas las polillas, emergen durante la primavera después de pasar el invierno en refugios, aprovechando el aumento de las temperaturas y las horas de luz más largas. Según Ewer, este es un comportamiento común en diversas especies y no debe ser motivo de alarma.

El Dr. Ewer también destaca que, aunque las polillas adultas juegan un papel vital como polinizadoras, sus larvas sirven como alimento para diversas especies de animales, incluidos aves, murciélagos y reptiles. A su vez, las plantas que las polillas larvales consumen han desarrollado defensas químicas para protegerse de los daños, lo que a su vez actúa como repelente para otros insectos.

Ewer menciona que, a nivel mundial, existen alrededor de 160,000 especies de polillas, una cifra mucho mayor que las especies de mariposas, que suman solo una décima parte de esa cantidad. El científico enfatiza que las polillas, como otros insectos, desempeñan un rol esencial en la conservación de los ecosistemas, y eliminar estas criaturas no es recomendable. Aunque algunas polillas puedan ocasionar daños a productos textiles, lo más adecuado es utilizar métodos para repelerlas sin perturbar su función ecológica.

Finalmente, respecto al «polvo» que se desprende de las alas de las polillas, el Dr. Ewer aclara que en realidad no se trata de polvo común, sino de escamas microscópicas que recubren todo el cuerpo del insecto. Estas escamas no solo contribuyen al color y los patrones de las alas de las polillas, sino que también pueden causar reacciones alérgicas en algunas personas. Este es, en efecto, el único «riesgo» asociado con las polillas, lo cual resalta la importancia de tener en cuenta las posibles sensibilidades, pero sin demonizar a estos insectos, que son fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas.