Aunque su uso más conocido es como combustible para centrales nucleares, el uranio enriquecido también puede transformarse en el núcleo de una bomba atómica. En esta nota explicamos qué es, cómo se obtiene y por qué su control es clave para la seguridad mundial.
El uranio enriquecido es una sustancia altamente estratégica a nivel global, utilizada tanto para fines civiles como militares. Si bien su uso más conocido es como combustible para centrales nucleares, su versión más concentrada constituye el componente esencial para la fabricación de armas atómicas.
¿Qué significa “enriquecer” uranio?
El uranio natural, tal como se extrae de la tierra, contiene principalmente dos isótopos: uranio-238 (U-238) y uranio-235 (U-235). De estos, solo el U-235 es fisible, es decir, puede sostener una reacción nuclear en cadena, que es la base de la energía atómica. Sin embargo, el U-235 representa apenas el 0,7% del uranio natural.
Enriquecer uranio significa aumentar la proporción de U-235 mediante procesos industriales complejos como la centrifugación de gas o la difusión gaseosa. Estos métodos permiten separar los isótopos más livianos (U-235) de los más pesados (U-238), obteniendo así una concentración mayor del material fisible.
Uso pacífico versus uso militar
Cuando el uranio se enriquece hasta entre un 3% y un 5% de U-235, es apto para su uso en reactores nucleares, donde genera electricidad de manera controlada. Este tipo se conoce como uranio poco enriquecido.
Sin embargo, cuando la concentración de U-235 supera el 90%, se considera uranio altamente enriquecido (HEU, por sus siglas en inglés). En este estado, es capaz de provocar una explosión nuclear devastadora, y por ello se convierte en el material clave para construir armas nucleares.
Por qué se usa en bombas atómicas
El poder destructivo de un arma nuclear radica en su capacidad de liberar, en una fracción de segundo, enormes cantidades de energía a través de una reacción en cadena descontrolada de fisión nuclear. Solo una masa crítica de U-235 altamente enriquecido puede provocar esta reacción en condiciones explosivas.
Debido a esto, el control internacional sobre el enriquecimiento de uranio es una de las principales prioridades de seguridad global, y está regulado por tratados como el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). El enriquecimiento más allá del nivel necesario para uso civil suele ser objeto de vigilancia por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Un material estratégico y polémico
El uranio enriquecido encarna una paradoja nuclear: puede alimentar tanto una planta eléctrica como una bomba atómica. Su doble uso lo convierte en uno de los materiales más vigilados del planeta, y su proliferación es motivo de tensiones geopolíticas entre países.
Frente a este escenario, expertos en desarme advierten que la tecnología necesaria para enriquecer uranio puede abrir la puerta al desarrollo clandestino de armamento nuclear, especialmente en contextos donde no existen mecanismos internacionales de verificación eficaces.


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