La tensión en Oriente Medio genera caídas históricas en bolsas y alza en los precios del petróleo y el gas. Los inversores buscan refugio en activos seguros mientras la incertidumbre internacional expone la fragilidad de los mercados.
La escalada de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán ha sacudido a los mercados financieros globales. Este lunes, los principales índices europeos y asiáticos, incluidos FTSE 100, DAX e IBEX 35, cerraron en rojo, reflejando el temor a un conflicto más amplio en Oriente Medio. Antes de la apertura en Wall Street, los futuros del S&P 500 caían 1,1%, mientras los inversionistas trasladaban su capital hacia activos considerados seguros, como el oro y los bonos del Tesoro.
El petróleo y el gas natural experimentaron aumentos abruptos: el petróleo Brent subió cerca de 6% hasta los US$ 77 por barril, en gran medida por el riesgo de interrupción del suministro a través del Estrecho de Hormuz, una vía estratégica que transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. En Europa, el gas natural licuado se disparó un 50% tras la detención de producción en la mayor planta exportadora del mundo en Qatar. Este aumento no solo refleja la preocupación por el abastecimiento energético, sino que también tiene un impacto directo en los costos de combustibles y productos básicos, que podrían trasladarse rápidamente a los consumidores.
Analistas señalan que la reacción de los mercados es principalmente de pánico. “El flujo de capitales está migrando hacia el oro y el dólar estadounidense”, comenta Maximiliano Donzelli de IOL, destacando que los bonos muestran un comportamiento mixto: mientras los inversores buscan seguridad, las expectativas de una inflación acelerada por el shock energético presionan los rendimientos al alza. Felipe Mendoza, analista de EBC Financial Group, agrega: “La subida del petróleo superior al 7% y 8% en premercado es solo la introducción de una reconfiguración de precios si el conflicto no se tranquiliza en las próximas 72 horas. Con un escenario de guerra prolongada, los índices bursátiles podrían colapsar y obligar a la Fed a mantener tasas elevadas, aumentando el riesgo de una recesión global”.
La volatilidad actual puede traducirse en pérdidas temporales para los inversionistas y un aumento en los precios de productos esenciales, afectando directamente a la población. Los expertos coinciden en que estas turbulencias son reacciones de miedo; la estabilidad dependerá de cómo evolucione el conflicto en Irán y si se logra reducir la tensión en la región. Sin claridad en las próximas semanas, los mercados seguirán siendo un termómetro del impacto inmediato de la geopolítica sobre la economía global, dejando en evidencia lo frágil que es el sistema financiero frente a conflictos bélicos.


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