Hay olores que nos transportan instantáneamente a momentos felices. Dos de los más intensos para nuestro cerebro son el de la lluvia y el del café recién hecho. Pero, ¿qué los hace tan especiales?
Cuando llueve, el agua golpea el suelo seco y libera una sustancia llamada geosmina, producida por bacterias en el suelo. Esta molécula llega al aire y nuestro olfato la detecta fácilmente, incluso en concentraciones muy bajas. El olor resultante, llamado petricor, activa regiones cerebrales asociadas a la nostalgia y el bienestar.
En el caso del café, su aroma contiene más de 800 compuestos volátiles, que estimulan áreas del cerebro vinculadas con el placer, la alerta y la memoria. Por eso, muchas personas asocian su olor con empezar el día, sentirse cómodos o tener energía.
Nuestro cerebro no solo huele: interpreta emociones a través del olfato.


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