Novena Digital

Medio de comunicación oficial de La Araucanía

¿Por qué la gente que menos sabe es la que más segura se muestra? El efecto Dunning-Kruger lo explica todo

En más de alguna conversación, en redes sociales o incluso en reuniones de trabajo, es común encontrarse con personas que opinan con una seguridad absoluta sobre temas que, en realidad, no dominan. Hablan fuerte, con confianza, y hasta se burlan de quienes dudan o hacen matices. Y, por otro lado, muchas veces las personas que realmente manejan un tema prefieren hablar con cautela, reconocer lo que no saben, o incluso quedarse calladas. ¿Te ha pasado? A la psicología también, y tiene nombre: se llama efecto Dunning-Kruger, y está científicamente comprobado.

Este fenómeno fue descrito en 1999 por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, quienes descubrieron que las personas con menor conocimiento o habilidad sobre un tema tienden a sobreestimar sus capacidades. En cambio, quienes realmente son más competentes suelen subestimarse. En simple: las personas con menos información creen saber mucho, y las personas que realmente saben, muchas veces creen que no saben lo suficiente. Esto ocurre porque para darse cuenta de lo que uno no sabe, se necesita cierto nivel de conocimiento. Si no lo tienes, ni siquiera eres capaz de notar tus propios errores.

Dunning y Kruger hicieron un experimento con estudiantes, aplicándoles pruebas de lógica, gramática y comprensión. Luego les pidieron autoevaluarse. ¿El resultado? Los estudiantes con peores resultados fueron los que más confiaban en sus respuestas. Y los que realmente lo hicieron bien, se evaluaron con humildad o dudas. Este mismo patrón se ha repetido en múltiples estudios, en contextos tan diversos como el mundo laboral, la política, la educación o el uso de redes sociales.

Hoy en día, con el auge de las plataformas digitales, el efecto Dunning-Kruger está más presente que nunca. Es cosa de ver cómo en TikTok, X (ex Twitter), Instagram o Facebook aparecen todo el tiempo personas opinando con total seguridad sobre salud, economía, historia, política internacional o cualquier otro tema complejo, sin tener formación real en el asunto. A veces tienen miles de seguidores, lo que refuerza la percepción de que “saben”, cuando en realidad están cayendo —y haciendo caer a otros— en un sesgo mental bastante común.

Pero no se trata de burlarse ni de mirar en menos a nadie. El efecto Dunning-Kruger no es cuestión de inteligencia, sino de autoconciencia. Todos podemos caer en él, en algún momento o área. Por eso, lo importante es reconocer que nadie lo sabe todo, que dudar no es sinónimo de debilidad, y que hablar con matices muchas veces refleja más conocimiento que afirmar algo con arrogancia.

Entender este sesgo puede ayudarnos a ser más humildes al opinar, a escuchar más a quienes saben (aunque no hablen fuerte), y a ser más críticos frente a los discursos grandilocuentes pero vacíos. Porque, al final del día, la seguridad con la que alguien habla no garantiza que tenga razón. A veces, todo lo contrario.