Un nuevo estudio ha despertado preocupaciones sobre el consumo de endulzantes artificiales, revelando que compuestos como el neotamo y el aspartamo pueden tener efectos perjudiciales en la salud intestinal. Estos endulzantes, ampliamente utilizados como alternativas al azúcar, han sido relacionados con la muerte de células epiteliales intestinales, lo que podría debilitar la barrera protectora del intestino y permitir la entrada de bacterias dañinas en el torrente sanguíneo.
La nutrióloga de la Clínica Indisa Maipú, Dra. Natalia Aybar, ha destacado que, a pesar de ser promocionados como opciones seguras y sin calorías, los endulzantes artificiales pueden contribuir a problemas más serios de salud. Según la Dra. Aybar, un estudio reciente publicado en la revista Frontiers in Nutrition señala que el neotamo, un endulzante 13,000 veces más dulce que el azúcar, podría ser especialmente dañino, causando la muerte de células que forman la barrera intestinal.
Además, el aspartamo, uno de los endulzantes artificiales más comunes, ha mostrado en investigaciones que altera la microbiota intestinal, favoreciendo el crecimiento de bacterias relacionadas con la resistencia a la insulina y el desarrollo de diabetes tipo 2. Este hallazgo es particularmente alarmante considerando el aumento en los casos de diabetes en el mundo, que ha pasado de 108 millones en 1980 a 402 millones en 2014, según la Organización Mundial de la Salud.
La Dra. Aybar advierte sobre los síntomas de hiperglucemia, que incluyen aumento de la sed, micción frecuente, visión borrosa, cansancio extremo, pérdida de peso involuntaria, infecciones recurrentes y hormigueo en manos y pies. Estos síntomas reflejan el impacto que puede tener un mal manejo de los niveles de azúcar en sangre, un problema que podría ser exacerbado por el consumo de endulzantes artificiales.
Frente a estas preocupaciones, la especialista recomienda limitar la ingesta de productos que contengan endulzantes artificiales y optar por alternativas más naturales, como la stevia o la alulosa, que, según la Clínica Las Condes, es 300 veces más dulce que el azúcar y no presenta los mismos riesgos para la salud intestinal.


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