Estos microorganismos pueden causar enfermedades graves como la salmonelosis, gastroenteritis aguda y la enterocolitis, afectando el sistema digestivo y causando síntomas como náuseas, vómitos, dolor abdominal, fiebre, diarrea intensa y dolores musculares.
La razón por la que no se debe lavar el pollo radica en el riesgo de contaminación cruzada. Al lavar la carne cruda, las bacterias presentes en ella pueden dispersarse a través de salpicaduras, contaminando las superficies de la cocina, los utensilios y otros alimentos limpios y listos para consumir.
Según la empresa Certest Biotec, especializada en diagnósticos moleculares, la contaminación cruzada puede ser peligrosa ya que las bacterias pueden depositarse en platos y utensilios, aumentando el riesgo de infección al consumir alimentos contaminados.
Para evitar estos riesgos, se recomienda no lavar el pollo antes de cocinarlo. En su lugar, se puede utilizar papel absorbente para eliminar el exceso de sangre y fluidos de la superficie del pollo. Esta práctica reduce el riesgo de contaminación y ayuda a mantener la seguridad alimentaria en el hogar.
En conclusión, lavar el pollo antes de cocinarlo puede traer más riesgos que beneficios para la salud, por lo que es importante seguir las recomendaciones de los expertos en seguridad alimentaria y adoptar prácticas seguras en la manipulación y preparación de alimentos.


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