El 11 de septiembre de 1973 marcó el cierre y el inicio de una nueva etapa en Chile, la cual imperó durante 17 años por Augusto Pinochet. Internacionalmente se caracteriza por su estragos provocados tanto a nivel político, económico y social. Situación que introdujo profundos y significativos cambios en Chile.
El economista Ricardo Ffrench-Davis, docente en la Universidad de Chile y figura destacada en el ámbito económico chileno, destacó que el régimen de Pinochet promovió un enfoque económico basado en la creencia de que «el mercado por sí solo es capaz de resolver los problemas de qué se hace con los recursos monetarios». Esta concepción implicó que el mercado debería ser el principal regulador de la educación y la salud, incluso a través del lucro.
«Como era una dictadura fuerte, sangrienta, mucho más que las otras de nuestros vecinos, y muy larga, el equipo económico tuvo las manos libres para hacer su revolución neoliberal», afirmó Ffrench-Davis, subrayando el autoritarismo del régimen, el que permitió la implementación de reformas radicales en términos económicos y culturales en el país.
Una de las claves de este modelo fue la reducción de impuestos, centrando el sistema en el impuesto al consumo, afectando desproporcionadamente a los sectores más vulnerables de la ciudadanía.
Posteriormente, hacia el final de la autocracia militar, en 1990, los salarios reales habían caído significativamente.
Este modelo neoliberal, inspirado en teorías de Freeman en Estados Unidos, también influyó en líderes como Reagan y Thatcher, la dama de hierro. Sin embargo, Ffrench-Davis señala que su aplicación en Chile fue aún más profunda debido al contexto. Hoy, Chile debate el legado de esta fase histórica en su economía y sociedad, buscando equidad y justicia social en un nuevo contexto democrático.
Uno de los pilares de esta revolución económica fue la reducción de la carga tributaria. Las reformas del régimen suprimieron el impuesto a las utilidades de la empresa y redujeron el impuesto sobre las rentas personales, estableciendo un sistema que se basaba principalmente en el impuesto al consumo. Según Ffrench-Davis, esto tenía un impacto desproporcionado en los sectores más vulnerables de la sociedad, ya que «los pobres consumen proporcionalmente más que los ricos, entonces terminaban pagando una porción más alta de sus ingresos».
Al final del régimen, en 1990, como se mencionaba anteriormente, el salario real en Chile había experimentado una considerable disminución en comparación con el de principios de la década de 1970, lo que generó importantes desafíos económicos y sociales para el país hasta el día de hoy.



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