Novena Digital

Medio de comunicación oficial de La Araucanía

Vida del oso

Por Pablo Quejer
Periodista, Licenciado en Comunicación Social de la Universidad de La Frontera.

Hace años, el grupo musical chileno Chancho en Piedra publicaba el tema “La vida del oso” como una forma de escapar de la rutina, de dejar atrás la lógica de trabajar sin descanso y comenzar a vivir con mayor libertad. Era, en esencia, una invitación a elegir una vida más digna. En Padre Las Casas, esa idea no existe. Aquí, la “vida del oso” no es una elección: es una carga.

Nataxa Yáñez tiene 15 años y vive con parálisis cerebral. Para asistir a clases o participar en talleres, debe ser cargada en brazos por su mamá o por su padre adoptivo, mientras su silla de ruedas eléctrica (que debe pesar, al ojo, al menos unos 50 kilos) se transporta por separado. No es una imagen simbólica: es una escena concreta que se repite. Durante la realización del reportaje, caminamos desde su casa hasta el establecimiento. ¿Qué vimos? Veredas deterioradas, soleras sin rebaje, espacios que en la práctica le impiden desplazarse de forma autónoma. No se trata de un punto aislado, sino de un entorno completo que no está, bajo ninguna mirada, diseñado para ella.

Ese recorrido físico tiene su correlato institucional. En el concejo municipal de Padre Las Casas, mientras se daba lectura a la carta de su madre y se exponían estas barreras, hubo autoridades que miraban el teléfono. No es un gesto menor ni anecdótico: es la expresión de una desconexión profunda entre quienes administran recursos públicos y las condiciones reales de vida de las personas en la comuna.

Los datos permiten dimensionar esa distancia. Según el Observatorio Laboral de La Araucanía, el ingreso mediano regional de los trabajadores es de $501.710, lo que implica que la mitad de la población vive con menos de ese monto. Sin embargo, de acuerdo con la información publicada en el portal de transparencia de la Municipalidad de Padre Las Casas, un concejal de la comuna percibe más de un millón de pesos líquidos mensuales, mientras que la escala de remuneraciones vigente para 2026 sitúa al alcalde, Mario González, en un tramo aún más alto. No se trata solo de una brecha económica, sino de una brecha en la percepción de urgencias.

En paralelo, el informe CIC N°22 de la Contraloría General de la República, dado a conocer en abril de 2026, evidenció que durante 2024 el municipio destinó cerca de $374 millones a celebraciones, una cifra que prácticamente iguala los $390 millones ejecutados en ayuda social directa. A esto se suman 109 licencias médicas detectadas en el municipio durante el período 2023-2024, según antecedentes informados en un preinforme del mismo organismo.

Además, durante el desarrollo del reportaje, hubo un elemento particularmente revelador: se nos informó que la plataforma salvaescaleras del Centro Cultural de Padre Las Casas no se encontraba en funcionamiento desde hace tiempo. El 24 de noviembre, la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo (Subdere) informaba que la comuna recibió $1.360 millones provenientes del Royalty Minero para financiar proyectos de inversión pública.

Los recursos, por tanto, existen. Y existen para resolver algo tan básico como una plataforma que permita a una niña asistir a talleres de pintura y teatro. Eso es lo indignante.

Existe el dinero. Existe la institucionalidad. Existe el diagnóstico. Pero cuando se presenta un caso como el de Nataxa, queda en evidencia que hay autoridades que, teniendo todo a la vista, simplemente no están a la altura de la realidad que les toca gestionar.

La pregunta no es presupuestaria. Es política.

Lo que se observa no es la ausencia de financiamiento, sino una jerarquía de prioridades que no logra responder a situaciones urgentes. No se trata de grandes obras ni de proyectos de largo plazo. Se trata de condiciones mínimas: accesibilidad, desplazamiento, infraestructura básica. Se trata de dignidad.

En más de una década ejerciendo el periodismo en distintas ciudades del país, desde Osorno hasta Punta Arenas y ahora en Temuco, hay patrones que se repiten. Cuando el Estado falla, no lo hace de manera abstracta. Lo hace sobre personas concretas, en territorios específicos, afectando siempre a quienes tienen menos margen para resistir.

En este caso, la consecuencia es evidente: una adolescente que quiere asistir a talleres de arte y teatro, pero cuya posibilidad de hacerlo depende del esfuerzo físico de su familia. La vida del oso, en la canción, proponía liberarse del peso de la rutina. En Padre Las Casas, ese peso se mantiene intacto, pero cambia de forma: no es el trabajo, es la falta de condiciones.

No hay metáfora posible que suavice esa escena.

Hay una niña que debe ser cargada.

Y un sistema que, pudiendo evitarlo, no lo hace.